Laodicea III

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Tener una falsa imagen de uno mismo

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Retomamos el estudio de las cartas del apocalipsis; la última es dirigida a Laodicea; una población creada en sus inicios como fortaleza, pero sin fuente de agua propia no prosperó así, pues traían el agua de una fuente de agua termal por un acueducto subterráneo desde Hierápolis. Eran conocidos por su lana suave, de color negra, tener una escuela de medicina que produjeron un ungüento y colirio, lo que les dio fama mundial. Eran un próspero centro bancario, orgullos de su riqueza rechazaron la ayuda que Roma ofreció después del terremoto del 60 d. C. Reconstruyeron la ciudad con sus propios recursos y ayudaron a ciudades vecinas.
Tenían toda una industria de la lana textil, alfombras de lana negra, producción de medicinas para los oídos, los ojos; llegaron a poner toda su confianza en la economía y riqueza, tanto la ciudad como la iglesia -a ellos va dirigida la carta-. Toda es riqueza les hacía falta en lo espiritual, saben que son un gran centro económico. Al leer el verso 17, vemos el claro contraste que Jesús hace de su auto percepción y lo que ÉL sabe de ellos sobre su condición espiritual.
Tú dices: “Soy rico, tengo todo lo que quiero, ¡no necesito nada!”. Y no te das cuenta que eres un infeliz y un miserable; eres pobre, ciego y estás desnudo.” (Apocalipsis 3:17, NTV)
Tú dices...” (Apocalipsis 3:17, NTV)
Esta frase es enfática y hace más evidente la diferencia de opinión. La iglesia introdujo el orgullo de las riquezas en su vida espiritual. Es verdad son ricos, pero en orgullo, pretensión, al mismo tiempo que son pobres e ignorantes de su pobreza espiritual.
…“Soy rico, tengo todo lo que quiero, ¡no necesito nada!”...” (Apocalipsis 3:17, NTV)
Había un dicho entre los administradores imperiales. Epicteto lo dejó registrado: “soy rico y no necesito nada”. (Diatribas de Epicteto).Entre los miembros del imperio, se puede entender, pero en este caso, sale de la boca de cristianos, en lugar de influir en la sociedad, ocurrió lo opuesto.
La iglesia de Esmirna pensaba que era pobre, cuando en realidad era rica. Laodicea se creen ricos, cuando en realidad son pobres. Se enorgullecían de ser independientes y su capacidad de ayudar a ciudades vecinas. Cuando reconstruyeron su ciudad lo hicieron de manera suntuosa.
¡No necesito nada! Esa frase no puede salir de un cristiano, si Dios pregunta ¿qué necesitas? Dime tú, ¿Quién responde? ¡nada! Cuando en realidad necesitamos de ÉL en todo momento, día, noche, para respirar, pensar, amar, tener paz. Ser o creerse auto suficiente es el colmo de la arrogancia espiritual, porque quiere decir que ya no dependen de su fe y confianza en Dios.
Soy rico, lo tengo todo y lo he conseguido por mi propia fuerza; acaso ¿no detectas un poco de soberbia? Cristo Jesús está a punto de decirles: lo que creen de ustedes mismos, no corresponde con la realidad, y sabiendo que Cristo sabe todo y no puede ser engañado, esto es duro. A nuestros ojos podemos engañarnos, pero es imposible engañar a Dios.
La riqueza comercial remplazó su búsqueda de riqueza espiritual. Ellos no se dan cuenta porque están contentos, acomodados con su riqueza material, han puesto su confianza en el dinero; es tanta su pretensión, que creen que porque tienen dinero quiere decir que son fieles cristianos. ¿Sabes a quiénes les cuesta diezmar por lo general? A quienes mejor ingreso tienen. Y aunque no diezman, en su mente, piensan que no están desobedeciendo en nada.
Laodicea ha dejado fuera a su Señor, han amado y han sido influenciados más por el dinero que por su Señor y Dios. Jesús dijo:
De hecho, ¡es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios!».” (Lucas 18:25, NTV)
Confiar en la prosperidad económica en lugar de en Dios adormece la inquietud espiritual; esto sigue sucediendo; quienes oran a Dios para ser bendecidos y cuando empiezan a prosperar, creen que es por ellos y se olvidan de agradecer y obedecer a Dios y, a pesar de ser rebeldes, siguen creyendo que están bien con Dios, precisamente porque ¡están prosperando! Quieren creer que sí, pero no dan evidencia de ello. A veces el mismo trabajo por el que oraban, llega a ser impedimento para congregarse, como los de Laodicea no se dan cuenta de su verdadera condición.
Se podría entender de los no creyentes, pero la carta es ¡para los de la iglesia! Quizá por apatía, auto engaño, el éxito, el ego y auto centrismo fueron cegados a su realidad. Se tiene la tendencia a confiar en nuestras fuerzas y así sacamos a Dios de nuestra vida, ya sea de forma intencional o inconsciente, pero el resultado es el mismo.
El evolucionista quiere un mundo donde no hay necesidad de Creador, el cristiano tibio sueña con ser próspero, saludable y que sus deseos se cumplan. Quieren a Dios para que cumpla sus sueños y una vez bendecidos, no se atreven a ser generosos, porque la realidad es que cambian su confianza de Dios a la cuenta bancaria. ¿Conoces alguien así?
Creerse auto suficiente es peligroso para los tibios, el profeta Oseas lo dijo así:
Efraín dice con jactancia: «¡Cómo me he enriquecido! ¡He amasado una gran fortuna! En todas mis ganancias no encontrarán que haya pecado en algo.»” (Oseas 12:8, NVI)
La arrogancia espiritual es alimentada por la riqueza o la riqueza es alimentada por la arrogancia espiritual. Hay personas con mucho dinero que quieren llegar a mandar a la familia, los amigos, la iglesia. Otros más, en cuanto se habla de diezmo y ofrenda se incomodan y muchas veces son ¡los que no diezman! Pero se enojan. Y si llegan a diezmar quieren decidir en qué se debería usar ese recurso.
Los de Laodicea decían: ¡no necesito nada! Pero el Señor está a punto de revelar su verdadera condición; se creían buenos, pero eran muy malos, reflejaban el sentir de la ciudad: prósperos, ricos. Así la iglesia creía que eran ricos, prósperos espirituales, pero la verdad es que no lo eran.
…Y no te das cuenta que eres un infeliz y un miserable...” (Apocalipsis 3:17, NTV)
¡No te das cuenta, no lo puedes ver! Te crees próspero por tus negocios, transacciones bancarias, opulencia y crees que por eso eres un buen cristiano, pero ¡no honras a Dios! El mismo Señor les dice ¿te crees bienaventurado? La verdad es que eres un infeliz y un miserable. La palabra infeliz (talaoporor) sólo aparece aquí y en romanos:
¡Soy un pobre miserable! ¿Quién me librará de este cuerpo mortal?” (Romanos 7:24, NVI)
Su tibieza espiritual se confirma en que se conformaban con su riqueza material; cualquier parecido con quienes mientras tengan seguridad económica no buscan a Dios con dedicación, no es coincidencia.
Una breve aclaración: no toda iglesia, persona que es próspera está mal. El problema no es el dinero, sino cuando el dinero sustituye la confianza en Dios y se es ciego en reconocerlo. Esto quiere decir que cualquiera puede verse reflejado. Mi confianza está en Dios o el dinero, si está en Dios, no temo ser fiel, obediente y generoso en mis finanzas, pero si no confío en Dios, aunque mis labios lo digan, no seré obediente, pero me quedaré con la idea que, aunque no obedezco, ¡estoy bien! La iglesia o persona así, se vuelve ineficaz, porque, aunque creen que están bien y se convencen a ellos mismos, que así es, en realidad han dejado fuera a Cristo, pensando que, por su seguridad financiera, pueden prescindir de ÉL, pero la iglesia, la persona sin Cristo está muerta. Jesús, que conoce sus obras, les dice la realidad ¡son ellos quienes no se conocen a sí mismos!
¡No te das cuenta! Esta es una forma dramática entre las apariencias (tú dices) y la realidad (no te das cuenta). Y aun en estas palabras va la invitación al arrepentimiento, a un ¡date cuenta amigo! Sabemos esto porque más adelante les toca la puerta.
La iglesia de Sardis tenía una excelente imagen ante la gente. Laodicea tenía su auto estima en lo máximo, pero ante Cristo, estas 2 eran las peores.
Cristo felicita a Éfeso, Pérgamo, Tiatira, pero después las redarguye por un pecado serio. Sólo 2 iglesias ganan la aprobación: la pobre Esmirna y la débil Filadelfia. El desafío sigue vigente en el sentido que muchos y algunos cristianos, quieren a Dios sólo para el éxito financiero y la salud.
Si tienes riqueza y a Cristo lo tienes todo, si tienes a Cristo y no tienes nada más, lo tienes todo. Si tienes plena confianza en Cristo, aun en las pruebas, no hay nada que no puedas enfrentar.
Laodicea cree que no necesita nada, cree que sabe y lo tiene todo; según ellos no necesitan ser regañados ¿por qué habrían de serlo? Soy buena persona, no hago mal a nadie ¿para qué debo estudiar la Biblia? Con lo que se es suficiente. Con personas que creen que lo saben todo es casi imposible trabajar.
Cristo es severo en su condenación, porque es muy bondadoso y compasivo en Su perdón. La respuesta que Cristo les da no surge del enojo, más bien del hastío. Los quiere vomitar, una emoción que no se le atribuye en ninguna otra parte de la Biblia. Está a punto de vomitarlos, pero aún no. Sigue esperando con paciencia.
…eres pobre...” (Apocalipsis 3:17, NTV)
¡Creen que no necesitan nada! Pero en realidad ¡necesitan todo! Se creen ricos, pero en realidad son pobres. La palabra que usa en griego es ptokós, que es menesteroso, mucho más bajo que un pobre, quien tiene que mendigar para poder sobrevivir.
…ciego...” (Apocalipsis 3:17, NTV)
Creían que tenían buena vista en lo espiritual, pero el Señor les dice que se engañan, la triste realidad es que ¡son ciegos! No pueden ve su estado espiritual, que es lamentable. La peor condición es la de quien no quiere ver su propia condición.
Entonces Jesús dijo: —Yo he venido a este mundo para juzgarlo, para que los ciegos vean, y los que ven se queden ciegos. Algunos fariseos que estaban con él, al oírlo hablar así, le preguntaron: —¿Qué? ¿Acaso también nosotros somos ciegos? Jesús les contestó: —Si fueran ciegos, no serían culpables de pecado, pero como afirman que ven, su pecado permanece.” (Juan 9:39–41, NVI)
El colirio que les ayudaba a ver mejor, era inútil para ver las cosas divinas. Ya no les sirve, están ciegos.
…y estás desnudo.” (Apocalipsis 3:17, NTV)
La mejor ropa del mundo no puede hermosear a una persona de naturaleza retorcida y que no lo reconoce. La falta de ropa es propia de la pobreza, que era indeseable. En una ciudad famosa por su lana negra, que podían pagar ropas caras, el Señor les hace ver su desnudez espiritual que deja al descubierto sus vergüenzas. La desnudez en la Biblia es visto como sinónimo de vergüenza.
Entonces Hanún tomó presos a los embajadores de David, les afeitó la mitad de la barba, les cortó los mantos a la altura de las nalgas y los envió avergonzados de regreso a David.” (2º Samuel 10:4, NTV)
Pues el rey de Asiria…Los hará andar desnudos y descalzos, tanto jóvenes como ancianos, con las nalgas descubiertas para vergüenza de Egipto.” (Isaías 20:4, NTV)
De lo contrario, la desnudaré por completo, como estaba el día en que nació...” (Oseas 2:3, NTV)
Ustedes, pueblo de Safir, vayan como cautivos al destierro, desnudos y avergonzados...” (Miqueas 1:11, NTV)
La iglesia era pobre espiritual en un floreciente centro financiero, ciega en una comunidad con una excelente escuela de medicina, desnuda en un lugar famoso por la lana de alta calidad.
La llamada de atención tiene el propósito que recuperen la vista, que sean ricos espirituales, que se vistan; Dios quiere transformar nuestro futuro, pero tenemos que entregarle nuestro presente; estar vestido con ropa fina, era símbolo de honor, mucho más cuando quien te viste es Dios mismo.
Luego… lo vistió con ropas de lino de la mejor calidad y le puso un collar de oro.” (Génesis 41:42, NTV)
Entonces por orden del rey Belsasar, vistieron a Daniel con mantos púrpuras…lo proclamaron el tercero en importancia en el reino.” (Daniel 5:29, NTV)
Quizá el pecado más serio era, no reconocer su verdadera condición espiritual. ¿A quién se puede compadecer más, sino a quien se cree un buen cristiano, cristiana, cuando en realidad, Cristo mismo está harto de él o ella?
Estoy obedeciendo en mi relación con Dios -la que sea-, o estoy donde yo quiero estar y asumo que estoy bien, para evitar obedecer en las áreas que -aunque no lo quiere reconocer-, tengo un problema. Puede ser desde orgullo espiritual, juzgar a los demás, creer que sólo yo estoy bien y los demás mal, no ser obediente en mis finanzas, pero justificarme de alguna manera, tener un pecado oculto. Obediencia es mejor que sacrificio.
Dios quiere transformar nuestro futuro, pero tenemos que entregarle nuestro presente;
Hoy el Espíritu te habla, te quiere bendecir, pero sin atajos, sin apariencias, acepta el perdón que ÉL te ofrece, rinde tu vida y se revestido de Su Gracia y Misericordia.
Palabra de Dios
Oremos
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