Historia de John Brow
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Hubo una ocasión en la que, en 1517 (el mismo año que Martín Lutero colgó sus 95 tesis en Witenberg) un sacerdote enchido de orgullo iba a bordo de un barco que había salido de Londres. Y en ese viaje se encontró con un cristiano inteligente y piadoso cuyo nombre era John Brown.
Los pasajeros disfrutaban mirando el mar en la orilla, cuando el sacerdote volteándose hacia Brown, le dijo de manera insolente:
- Apártate de mí, estás demasiado cerca de mí. Estás sentado sobre mis ropas. Vete para allá. ¿No sabes quién soy yo?
- No lo sé - respondió Brown -
- Bueno, pues, debes saber que yo soy sacerdote
- Oh, señor, ¿ciertamente es usted párroco, vicario o capellan de una dama?
- No, soy sacerdote de almas (le respondió con orgullo). Digo misas para salvar almas.
- Ah, eso es lo que tu hace - le contestó brown - Me podría decir donde se halla el alma al comenzar la misa
NO lo se dijo el sacerdote.
-Y me puede decir a donde la deja al terminar
-No no puedo
¿Como? No sabe donde deja el alma ni de donde viene, y aún así dice que las salva?
-APÁRTATE!! - le respondió el sacerdote enojado - ¡Eres un hereje, y me las pagarás!
Cuando llegaron a puerto, el sacerdote se fue a caballo junto con dos de sus amigos arzobispos de Canterbury, y denunció a Brown.
Mientras tanto, John Brown se fue a su casa donde su esposa, quien recientemente había dado a luz, lo estaba esperando. Tres días después, mientras se preparaban para celebrar el nacimiento de ese bebé, con una cena con amigos, la puerta se abrió abruptamente, Tomaron a Brown por la fuerza, y lo colocaron en un caballo arrestado, y los pies atados debajo del caballo. Lo encerraron en un calabozo por 40 días.
Al final de los 40 días, los arzobispos de Canterbury y de Rochester hicieron llevarle al insolente que osó cuestionar el que una misa podía salvar almas. Le pidieron que se retractara, y Brown les dijo:
Cristo fue ofrecido una sola vez para quitar los pecados de muchos. Es por ese sacrificio que somos salvos y no por las repeticiones de los sacerdotes.
El arzobismo solamente hizo una señal y le quitaron los zapatos y las medias y trajeron un zarten con carbones encendidos, sobre los cuales pusieron los pies de Brown. Estaba prohibido por ley que torturaran a un ciudadano ingles, pero en tales casos los arzobispos se colocaban por encima de la ley.
-CONFIESA LA EFICACIA DE LA MISA - le dijeron. Y Brown dijo:
Si niego a mi Señor en la tierra, ÉL me negará delante de Su Padre en los cielos.
La piel de su carne se quemó hasta los huesos, pero la fe de Brown permaneció inconmovible.
Los sacerdotes determinaron entregarlo al poder secular para que lo quemaran vivo. Y el sábado, antes de la festividad del Pentecostés de 1517, lo llevaron de vuelta a Axford, la ciudad de Brown, y una empleadasuya lo identificó y fue corriendo a informarle a su esposa.
-Lo vi, lo vi !!!!
La esposa salió corriendo para poder ver a su espos, que estaba con sus pies atadao al cepo, con una apariencia transformada por el sufrimiento, y esperando ser quemado a la mañana siguiente. Su esposa estaba llorando a su lado, y Brown le dijo a ella:
Yo no puedo poner mis pies sobre el suelo, porque los sacerdotes los quemaron hasta los huesos. Pero no pudieron quemar mi lengua e impedirme confesar al Señor.
Elizabeth, continua amándole porque Él es bueno; y cría a nuestros hijos en Su temor.
A la mañana siguiente murió quemado, confiando en esa sangre del Cristo y cantando un himno.
