Cordero para el sacrificio
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· 41 viewsDios nos dio una figura bien clara y comprensible del amor con el que nos ha amado. ¡Dios te ama!
Notes
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Introducción:
23 Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.24 Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.
23 Así dice el Señor:
«Que no se gloríe el sabio de su sabiduría,
ni el poderoso de su poder,
ni el rico de su riqueza.
24 Si alguien ha de gloriarse,
que se gloríe de conocerme
y de comprender que yo soy el Señor,
que actúo en la tierra con amor,
con derecho y justicia,
pues es lo que a mí me agrada
—afirma el Señor—.
23 Esto dice el Señor:
«No dejen que el sabio se jacte de su sabiduría,
o el poderoso, de su poder,
o el rico, de sus riquezas.
24 Pero los que desean jactarse
que lo hagan solamente en esto:
de conocerme verdaderamente y entender que yo soy el Señor
—quien demuestra amor inagotable
y trae justicia y rectitud a la tierra—
y que me deleito en estas cosas.
¡Yo, el Señor, he hablado!
23 Así dice el Señor:
«No se gloríe el sabio de su sabiduría,
Ni se gloríe el poderoso de su poder,
Ni el rico se gloríe de su riqueza;
24 Pero si alguien se gloría, gloríese de esto:
De que me entiende y me conoce,
Pues Yo soy el Señor que hago misericordia,
Derecho y justicia en la tierra,
Porque en estas cosas me complazco», declara el Señor.
Dios quiere que le conozcas.
¿Qué tienes de lo que te puedas sentir orgulloso? ¿Tu inteligencia? ¿Tus habilidades? ¿Tu trabajo? ¿Tu dinero?
Compara eso con el conocimiento de Dios y tendrás todo por basura en la comparación.
7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, 9 y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; 10 a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, 11 si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.
7 Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. 8 Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo 9 y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe. 10 Lo he perdido todo a fin de conocer a Cristo, experimentar el poder que se manifestó en su resurrección, participar en sus sufrimientos y llegar a ser semejante a él en su muerte. 11 Así espero alcanzar la resurrección de entre los muertos.
7 Antes creía que esas cosas eran valiosas, pero ahora considero que no tienen ningún valor debido a lo que Cristo ha hecho. 8 Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo 9 y llegar a ser uno con él. Ya no me apoyo en mi propia justicia, por medio de obedecer la ley; más bien, llego a ser justo por medio de la fe en Cristo. Pues la forma en que Dios nos hace justos delante de él se basa en la fe. 10 Quiero conocer a Cristo y experimentar el gran poder que lo levantó de los muertos. ¡Quiero sufrir con él y participar de su muerte, 11 para poder experimentar, de una u otra manera, la resurrección de los muertos!
7 Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo.
8 Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por Él lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo,
9 y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia derivada de la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios sobre la base de la fe,
10 y conocerlo a Él, el poder de Su resurrección y la participación en Sus padecimientos, llegando a ser como Él en Su muerte,
11 a fin de llegar a la resurrección de entre los muertos.
Entonces, la inmensa pregunta es: ¿conoces a Dios? ¿Cuánto conoces de Dios?
No te pregunto cuánto conoces de la Biblia ni cuánto tiempo hace que te congregas en la iglesia.
¿Lo conoces a Dios?
La realidad es que Dios quiere ser conocido. Dios no se esconde, como algunos piensan y opinan, sino que quiere darse a conocer.
Es por eso que Dios envió a Jesús, para darse a conocer, para mostrar toda su esencia. En Jesús encontramos la revelación más completa de Dios.
Caminar con Jesús, ser discípulo del Maestro, no se trata de que seamos más inteligentes ni poderosos. Se trata de conocer a Dios, experimentar a Dios, entender cada vez más a Dios.
1. Prepárate para cuando Dios te pruebe
En el proceso de nuestra relación con Él, Dios nos prueba.
¿Reconoces alguna situación en tu vida en la que experimentaste que Dios te estaba probando?
Dios prueba los corazones de sus hijos, de aquellos que deciden seguirlo.
¿Por qué lo hace? ¿Será que no conoce lo que pensamos, creemos y sentimos? ¡Él lo sabe todo! ¿Entonces? ¿En qué consiste la prueba? Consiste en que por medio de la prueba lo conozcamos un poco más, lo experimentemos más, y pongamos en práctica nuestra confianza en Él.
Fue lo que le sucedió a Felipe en aquella ocasión:
1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. 2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. 3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. 5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? 6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.
1 Algún tiempo después, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea (o de Tiberíades). 2 Y mucha gente lo seguía, porque veían las señales milagrosas que hacía en los enfermos. 3 Entonces subió Jesús a una colina y se sentó con sus discípulos. 4 Faltaba muy poco tiempo para la fiesta judía de la Pascua.
5 Cuando Jesús alzó la vista y vio una gran multitud que venía hacia él, le dijo a Felipe:
—¿Dónde vamos a comprar pan para que coma esta gente?
6 Esto lo dijo sólo para ponerlo a prueba, porque él ya sabía lo que iba a hacer.
1 Después Jesús cruzó al otro lado del mar de Galilea, conocido también como el mar de Tiberias. 2 Una gran multitud siempre lo seguía a todas partes porque veía las señales milagrosas que hacía cuando sanaba a los enfermos. 3 Entonces Jesús subió a una colina y se sentó allí rodeado de sus discípulos. 4 (Ya era casi el tiempo de la celebración de la Pascua judía). 5 Enseguida Jesús vio que una gran multitud venía a su encuentro. Dirigiéndose a Felipe, le preguntó:
—¿Dónde podemos comprar pan para alimentar a toda esta gente?
6 Lo estaba poniendo a prueba, porque Jesús ya sabía lo que iba a hacer.
1 Después de esto, Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias.
2 Y una gran multitud lo seguía, pues veían las señales que realizaba en los enfermos.
3 Entonces Jesús subió al monte y se sentó allí con Sus discípulos.
4 Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos.
5 Cuando Jesús alzó los ojos y vio que una gran multitud venía hacia Él, dijo* a Felipe: «¿Dónde compraremos pan para que coman estos?».
6 Pero decía esto para probarlo, porque Él sabía lo que iba a hacer.
¿Te imaginas cuánto creció Felipe luego de que el Señor hizo el milagro de la multiplicación de panes y peces? ¡Felipe conoció más al Señor!
Fue también lo que le sucedió a Abraham en aquella ocasión.
Este es uno de los pasajes más sorprendentes de las Escrituras.
1 Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 2 Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
1 Pasado cierto tiempo, Dios puso a prueba a Abraham y le dijo:
—¡Abraham!
—Aquí estoy—respondió.
2 Y Dios le ordenó:
—Toma a tu hijo, el único que tienes y al que tanto amas, y ve a la región de Moria. Una vez allí, ofrécelo como holocausto en el monte que yo te indicaré.
1 Tiempo después, Dios probó la fe de Abraham.
—¡Abraham! —lo llamó Dios.
—Sí —respondió él—, aquí estoy.
2 —Toma a tu hijo, tu único hijo —sí, a Isaac, a quien tanto amas— y vete a la tierra de Moriah. Allí lo sacrificarás como ofrenda quemada sobre uno de los montes, uno que yo te mostraré.
1 Aconteció que después de estas cosas, Dios probó a Abraham, y le dijo: «¡Abraham!” Y él respondió: «Aquí estoy».
2 Y Dios dijo: «Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que Yo te diré»
Un lector descuidado de la Palabra del Señor podría arribar a conclusiones equivocadas. ¿Cómo pudo Dios hacerle a Abraham semejante propuesta?
Justamente por eso, para no ser lectores descuidados, analicemos este pasaje con detenimiento.
...después de estas cosas...
Se refiere al momento específico en que esto sucedió. Abraham había recibido las promesas de Dios siendo viejo y cuando aún su esposa era estéril. Sin embargo, nos dice la Palabra que Abraham le creyó a Dios.
5 Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.6 Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.
5 Luego el Señor lo llevó afuera y le dijo:
—Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas, a ver si puedes. ¡Así de numerosa será tu descendencia!
6 Abram creyó al Señor, y el Señor se lo reconoció como justicia.
5 Entonces el Señor llevó a Abram afuera y le dijo:
—Mira al cielo y, si puedes, cuenta las estrellas. ¡Ese es el número de descendientes que tendrás!
6 Y Abram creyó al Señor, y el Señor lo consideró justo debido a su fe.
5 El Señor lo llevó fuera, y le dijo: «Ahora mira al cielo y cuenta las estrellas, si te es posible contarlas». Y añadió: «Así será tu descendencia».
6 Y Abram creyó en el Señor, y Él se lo reconoció por justicia.
Abraham había interpuesto sus dudas, por su vejez, por la infertilidad de Sara, pero creyó, y eso hizo toda la diferencia.
Así es como Dios obra en nosotros también.
Después de un tiempo, Abraham, siendo más viejo todavía, recibió el nacimiento de Isaac (“Risa”). Te puedes imaginar el gozo, el disfrute por el nacimiento de aquel niño, y no solamente porque finalmente serían padres sino por que en Isaac se cumplirían las promesas de Dios.
Isaac se convertiría en la luz de los ojos de Abraham.
Este acontecimiento ocurrió cuando Isaac tendría unos doce años.
...probó Dios a Abraham...
Abraham hacía mucho tiempo que conocía al Señor y había tenido varias experiencias con Él. No importa cuánto tiempo hace que crees en el Señor y te congregas: Dios va a probarte, para que le conozcas mejor.
Como dijimos, cuando Dios nos pone a prueba es para que le conozcamos, para que le entendamos mejor, porque su sabiduría es muy diferente a la sabiduría del mundo, a la que estamos acostumbrados.
...y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.
Observa como se relaciona Dios con Abraham. Lo llama por su nombre, se acerca a Él con naturalidad, se comunica fácilmente. Abraham le responde con sencillez (no como Samuel que necesitó que Dios lo llamara tres veces antes de entender). Abraham tenía una preciosa relación con Dios, contidiana, y había aprendido a escuchar su voz y responderle.
¿Tienes ese tipo de relación con Dios? ¿Escuchas así la voz de Dios? ¿Identificas cuando Dios te está hablando?
Dios quiere eso para sus hijos: una relación en la que las ovejas de Jesús identifiquen su voz y le sigan, con sencillez y confianza.
Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
¡Wow! ¿Qué piensas de esta propuesta?
Dios se refiere a Isaac de cuatro maneras, para que no quedara ninguna duda:
...tu hijo...
...tu único...
...Isaac...
...a quien amas...
¿No suena redundante? ¿No parece insistente? Dios aún se refiere a lo que Abraham siente por el niño.
Dios conoce el corazón de cada uno de nosotros.
La propuesta de Dios parece absolutamente ilógica.
¿Sabes lo que es un holocausto?
Se refiere a la combustión total de la víctima ofrendada, después de haberse impuesto sobre ella las manos y degollada a continuación. Ventura, S. V. En Nuevo diccionario biblico ilustrado (p. 505).
¿Imposisión de manos? ¿Degollar? ¿Desangrar? ¿Quemar completamente? ¿Víctima ofrendada?
¡Estamos hablando del único hijo de Abraham!
Esto suena ridículo, por decir poco, y atroz.
Dios justamente se distingue claramente de los dioses paganos que rodearon siempre a los israelitas. Esos dioses sí demandaban sacrificios humanos, en especial la entrega de los hijos para ser quemados como ofrenda. Dios siempre reprobó y despreció esta práctica. ¿Cómo es que le propone esto a Abraham?
Porque le estaba probando.
...ofrécelo...
“Ofrécelo” implica “entrégalo”, “renuncia a él”, “dámelo”, “despídete”.
¿Sientes el peso de la prueba a la que Abraham fue sometido?
Queda un detalle más. El sacrificio debía ser hecho en tierra de Moriah… ...sobre uno de los montes que yo te diré. Implicaba un viaje, un perído de tiempo para llevar esta carga en el corazón y esta incertidumbre en el alma.
2. Prepárate para obedecer a Dios aunque no entiendas
3 Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.
3 Abraham se levantó de madrugada y ensilló su asno. También cortó leña para el holocausto y, junto con dos de sus criados y su hijo Isaac, se encaminó hacia el lugar que Dios le había indicado.
3 A la mañana siguiente, Abraham se levantó temprano. Ensilló su burro y llevó con él a dos de sus siervos, junto con su hijo Isaac. Después cortó leña para el fuego de la ofrenda y salió hacia el lugar que Dios le había indicado.
3 Abraham se levantó muy de mañana, aparejó su asno y tomó con él a dos de sus criados y a su hijo Isaac. También partió leña para el holocausto, y se levantó y fue al lugar que Dios le había dicho.
Si bien la propuesta de Dios a Abraham es impresionantemente sorprendente, más aún lo es la reacción de A braham.
¿Qué hizo Abraham cuando Dios le hizo aquella alocada propuesta?
Se levantó temprano, se preparó hasta los detalles, se hizo acompañar por sus siervos, “invitó” a Isaac a ir con él, preparó la leña, y se fue.
¿Qué clase de padre hace esto?
Solamente un padre que confía en Dios por encima de todo.
Solamente un padre que ama a Dios más que a todo lo demás, más que a su familia, más que a su propia vida.
¿Observaste que no se menciona aquí ninguna explicación a Sara, la mamá de Isaac?
¿Le habrá dicho “Vamos a adorar a Dios”, como en otras ocasiones, sin más explicaciones?
¿Habrá imaginado Abraham alguna clase de explicación a Sara al regreso de su viaje a Moriah, como para decirle a Sara “Sacrifiqué al niño”?
¿Puedes imaginar por un momento el corazón de este padre al indicarle a su hijo que se preparara para el viaje en el que irían a adorar a Dios, mirándole a los ojos, sabiendo que lo iba a sacrificar?
“Prepárate, Isaac, vamos a hacer un viaje. Vamos a adorar a Dios”.
¿Puede Dios pedirnos lo impensable?
¿Puede Dios poner a prueba nuestro corazón también, así como lo hizo con Isaac?
¿Puede ser que Dios nos pida obediencia en cuanto a algo cuya razón no entendemos?
La respuesta es un rotundo “Sí” a cada una de estas preguntas. Puede y lo hace. Y en cada acto de obediencia que realizamos ante Él, cuanto más le obedezcamos y confiemos en Él, más le conoceremos y le experimentaremos con el Dios misericordioso y poderoso que es.
¿Sientes el llamado a obedecer a Dios?
¿Sientes el llamado a poner a Dios por sobre todo lo demás?
3. Prepárate para experimentar el proceso de Dios conforme a su plan perfecto
4 Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.
4 Al tercer día, Abraham alzó los ojos y a lo lejos vio el lugar.
4 Al tercer día de viaje, Abraham levantó la vista y vio el lugar a la distancia.
4 Al tercer día alzó Abraham los ojos y vio el lugar de lejos.
Tres días.
Tres largos días.
Tres días de cabalgar, descansar, comer, dormir, conversar entre Abraham y su hijo, mientras el padre sabía lo que tendría que hacer con su hijo al final del viaje.
Dios no le pidió a Abraham que hiciera esto en el patio trasero de su casa, para que el mal momento pasara pronto.
Dios quería que Abraham procesara aquella pérdida, que sintiera aquel punzante dolor en su alma.
¿Qué querría Dios?
¿Cómo cumpliría Dios sus promesas?
¿Cómo se cumpliría el plan de Dios?
Abraham no entendía, así como tú y yo podemos no entender los caminos de Dios en determinado momento.
El lugar
Ahora, con respesto a “el lugar”, ¿qué lugar era este?
Este era y sería un lugar muy especial, con una historia muy especial también.
Muchos años después, en “el lugar”, David tendría esta experiencia:
18 Y Gad vino a David aquel día, y le dijo: Sube, y levanta un altar a Jehová en la era de Arauna jebuseo. 19 Subió David, conforme al dicho de Gad, según había mandado Jehová; 20 y Arauna miró, y vio al rey y a sus siervos que venían hacia él. Saliendo entonces Arauna, se inclinó delante del rey, rostro a tierra. 21 Y Arauna dijo: ¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? Y David respondió: Para comprar de ti la era, a fin de edificar un altar a Jehová, para que cese la mortandad del pueblo. 22 Y Arauna dijo a David: Tome y ofrezca mi señor el rey lo que bien le pareciere; he aquí bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para leña. 23 Todo esto, oh rey, Arauna lo da al rey. Luego dijo Arauna al rey: Jehová tu Dios te sea propicio. 24 Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata. 25 Y edificó allí David un altar a Jehová, y sacrificó holocaustos y ofrendas de paz; y Jehová oyó las súplicas de la tierra, y cesó la plaga en Israel.
18 Ese mismo día, Gad volvió adonde estaba David y le dijo: «Sube y construye un altar al Señor en la parcela de Arauna el jebuseo.»
19 David se puso en camino, tal como el Señor se lo había ordenado por medio de Gad. 20 Arauna se asomó y, al ver que el rey y sus oficiales se acercaban, salió y rostro en tierra se postró delante de él.
21 —Su Majestad—dijo Arauna—, ¿a qué debo el honor de su visita?
—Quiero comprarte la parcela—respondió David—y construir un altar al Señor para que se detenga la plaga que está afligiendo al pueblo.
22 —Tome Su Majestad y presente como ofrenda lo que mejor le parezca. Aquí hay bueyes para el holocausto, y hay también trillos y yuntas que usted puede usar como leña. 23 Todo esto se lo doy a usted. ¡Que el Señor su Dios vea a Su Majestad con agrado!
24 Pero el rey le respondió a Arauna:
—Eso no puede ser. No voy a ofrecer al Señor mi Dios holocaustos que nada me cuesten. Te lo compraré todo por su precio justo.
Fue así como David compró la parcela y los bueyes por cincuenta monedas de plata. 25 Allí construyó un altar al Señor y ofreció holocaustos y sacrificios de comunión. Entonces el Señor tuvo piedad del país, y se detuvo la plaga que estaba afligiendo a Israel.
18 Ese día, Gad fue a ver a David y le dijo: «Sube y edifica un altar al Señor en el campo de trillar de Arauna el jebuseo».
19 Así que David subió para hacer lo que el Señor le había ordenado. 20 Cuando Arauna vio al rey y a sus hombres acercándose, salió y se inclinó ante el rey rostro en tierra.
21 —¿Por qué ha venido, mi señor el rey? —preguntó Arauna.
David le contestó:
—Vine a comprar tu campo de trillar y a edificar allí un altar al Señor, para que él detenga la plaga.
22 —Tómela, mi señor el rey, y úsela como usted quiera —le respondió Arauna a David—. Aquí hay bueyes para la ofrenda quemada, y puede usar los tablones de trillar y los yugos de los bueyes como leña para hacer un fuego sobre el altar. 23 Le daré todo a usted, su majestad, y que el Señor su Dios acepte su sacrificio.
24 Pero el rey le respondió a Arauna:
—No, sino que insisto en comprarla, no le presentaré ofrendas quemadas al Señor mi Dios que no me hayan costado nada.
De modo que David le pagó cincuenta piezas de plata por el campo de trillar y por los bueyes.
25 Allí David edificó un altar al Señor y sacrificó ofrendas quemadas y ofrendas de paz. Y el Señor contestó la oración que hizo por la tierra, y se detuvo la plaga que azotaba a Israel.
18 Y Gad vino a David aquel día y le dijo: «Sube, edifica un altar al Señor en la era de Arauna el jebuseo».
19 David subió conforme a la palabra de Gad, tal como el Señor había ordenado.
20 Y Arauna miró y vio al rey y a sus siervos que venían hacia él; y saliendo Arauna, se postró rostro en tierra delante del rey.
21 Entonces Arauna dijo: «¿Por qué ha venido mi señor el rey a su siervo?». Y David respondió: «A comprarte la era para edificar un altar al Señor a fin de detener la plaga del pueblo».
22 Y Arauna dijo a David: «Tome y ofrezca mi señor el rey lo que parezca bien a sus ojos. Mire, los bueyes para el holocausto, y los trillos y los yugos de los bueyes para la leña.
23 »Todo, oh rey, Arauna lo da al rey». Y Arauna dijo al rey: «Que el Señor su Dios le sea propicio».
24 Pero el rey dijo a Arauna: «No, sino que ciertamente por precio te lo compraré, pues no ofreceré al Señor mi Dios holocausto que no me cueste nada». Y David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos (570 gramos) de plata.
25 Y allí edificó David un altar al Señor, y ofreció holocaustos y ofrendas de paz. El Señor escuchó la súplica por la tierra y la plaga fue detenida en Israel.
Algún tiempo después, Salomón, hijo de David, hizo esto, también en “el lugar”:
1 Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en Jerusalén, en el monte Moriah, que había sido mostrado a David su padre, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo.
1 Salomón comenzó a construir el templo del Señor en el monte Moria, en Jerusalén, donde el Señor se le había aparecido a su padre David. Lo construyó en el lugar que David había destinado, esto es, en la parcela de Arauna, el jebuseo.
1 Salomón comenzó a construir el templo del Señor en Jerusalén en el monte Moriah, donde el Señor se le había aparecido a David, su padre. El templo se construyó en el campo de trillar de Arauna el jebuseo; el sitio que David había elegido.
1 Entonces Salomón comenzó a edificar la casa del Señor en Jerusalén en el monte Moriah, donde el Señor se había aparecido a su padre David, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo.
¿Entiendes la conexión?
Dios eligió aquel monte, justamente el monte donde Abraham e Isaac tuvieron aquella experiencia, como el lugar donde habitaría su presencia.
Y, ¿dónde fue Jesús crucificado?
También en Moriah.
¿Entiendes el desarrollo del plan de Dios?
Dios estaba anticipando, con la experiencia de Abraham e Isaac, el sacrificio de su propio Hijo, en aquel mismo lugar.
4. Prepárate para compartir con otros el proceso de lo que Dios hace
5 Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. 6 Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos.
5 Entonces le dijo a sus criados:
—Quédense aquí con el asno. El muchacho y yo seguiremos adelante para adorar a Dios, y luego regresaremos junto a ustedes.
6 Abraham tomó la leña del holocausto y la puso sobre Isaac, su hijo; él, por su parte, cargó con el fuego y el cuchillo. Y los dos siguieron caminando juntos.
5 «Quédense aquí con el burro —dijo Abraham a los siervos—. El muchacho y yo seguiremos un poco más adelante. Allí adoraremos y volveremos enseguida».
6 Entonces Abraham puso la leña para la ofrenda sobre los hombros de Isaac, mientras que él llevó el fuego y el cuchillo. Mientras caminaban juntos,
5 Entonces Abraham dijo a sus criados: «Quédense aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allá, adoraremos y volveremos a ustedes»
6 Tomó Abraham la leña del holocausto y la puso sobre Isaac su hijo, y tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Y los dos iban juntos.
Abraham e Isaac se separan de los criados. El resto de la experiencia sería privada, solo de ellos dos. El resto del camino lo harían a pie.
...yo y el muchacho...
Esta es una experiencia compartida. En ningún momento se separó el padre del hijo.
¿Te imaginas ese momento en que Abraham le entregaba la leña a Isaac para el sacrificio, sabiendo que sobre aquella leña lo pondría a él?
Isaac subió la cuesta del monte cargando con el instrumento de su propio sacrificio.
Pero, ¿ves lo que Dios vió en aquella figura? ¡Se vió a sí mismo en Abraham! ¡Vió a Jesús en Isaac, cargando la pesada cruz hacia el Calvario!
Dios acompañó a su Hijo, a cada momento, no lo abandonó en el camino. Fué con Él.
El pasaje insiste en que fueron ambos juntos.
¡Qué hermosa figura de la relación entre un padre y un hijo! Esta es la misma figura que Dios nos ofrece al revelarse como nuestro Padre.
Juan 1:12-13
12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
12 Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. 13 Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios.
12 pero a todos los que creyeron en él y lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios. 13 Ellos nacen de nuevo, no mediante un nacimiento físico como resultado de la pasión o de la iniciativa humana, sino por medio de un nacimiento que proviene de Dios.
12 Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre,
13 que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.
Dios nunca abandona a sus hijos, ni en los más mínimos detalles. Puedes despertar en medio de la noche o en medio de tus circunstancias más duras, y la mirada y el amor del Padre estarán allí, para ti.
Al mismo tiempo, vemos el corazón quebrantado de Dios en esta historia. No fue fácil para Dios salvarnos, porque tuvo que entregar a su Hijo para hacerlo.
¡Cuánto amor! ¡Cuánta entrega! Siempre serán insuficientes las palabra para expresar la grandeza del amor de Dios por nosotros, ese amor que va más allá de todo lo que podemos entender.
14 Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,15 de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra,16 para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;17 para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor,18 seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura,19 y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
14 Por esta razón me arrodillo delante del Padre, 15 de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra. 16 Le pido que, por medio del Espíritu y con el poder que procede de sus gloriosas riquezas, los fortalezca a ustedes en lo íntimo de su ser, 17 para que por fe Cristo habite en sus corazones. Y pido que, arraigados y cimentados en amor, 18 puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; 19 en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios.
14 Cuando pienso en todo esto, caigo de rodillas y elevo una oración al Padre, 15 el Creador de todo lo que existe en el cielo y en la tierra. 16 Pido en oración que, de sus gloriosos e inagotables recursos, los fortalezca con poder en el ser interior por medio de su Espíritu. 17 Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes. 18 Espero que puedan comprender, como corresponde a todo el pueblo de Dios, cuán ancho, cuán largo, cuán alto y cuán profundo es su amor. 19 Es mi deseo que experimenten el amor de Cristo, aun cuando es demasiado grande para comprenderlo todo. Entonces serán completos con toda la plenitud de la vida y el poder que proviene de Dios.
14 Por esta causa, pues, doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
15 de quien recibe nombre toda familia en el cielo y en la tierra.
16 Le ruego que Él les conceda a ustedes, conforme a las riquezas de Su gloria, el ser fortalecidos con poder por Su Espíritu en el hombre interior;
17 de manera que Cristo habite por la fe en sus corazones. También ruego que arraigados y cimentados en amor,
18 ustedes sean capaces de comprender con todos los santos cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad,
19 y de conocer el amor de Cristo que sobrepasa el conocimiento, para que sean llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios.
5. Prepárate para obedecer a Dios aún en las situaciones más difíciles de entender
Génesis 22:7-8
7 Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; mas ¿dónde está el cordero para el holocausto? 8 Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.
7 Isaac le dijo a Abraham:
—¡Padre!
—Dime, hijo mío.
—Aquí tenemos el fuego y la leña—continuó Isaac—; pero, ¿dónde está el cordero para el holocausto?
8 —El cordero, hijo mío, lo proveerá Dios—le respondió Abraham.
Y siguieron caminando juntos.
7 Isaac se dio vuelta y le dijo a Abraham:
—¿Padre?
—Sí, hijo mío —contestó Abraham.
—Tenemos el fuego y la leña —dijo el muchacho—, ¿pero dónde está el cordero para la ofrenda quemada?
8 —Dios proveerá un cordero para la ofrenda quemada, hijo mío —contestó Abraham.
Así que ambos siguieron caminando juntos.
7 Isaac habló a su padre Abraham: «Padre mío». Y él respondió: «Aquí estoy, hijo mío». «Aquí están el fuego y la leña», dijo Isaac, «pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»
8 Y Abraham respondió: «Dios proveerá para Sí el cordero para el holocausto, hijo mío». Y los dos iban juntos.
Isaac no era ya un bebé.
Se comunicaba, entendía, acompañaba, razonaba.
Mientras el corazón de Abraham se revolucionaba interiormente ante la magnitud de lo que estaba por hacer, se produce este diálogo.
Es posible que Isaac percibiera la pesadez en el corazón de su padre. El breve diálogo que encontramos aquí pone de manifiesto la ternura, el respeto y el cariño profundo de la relación entre ambos.
“Papá...”
¿Lo puedes imaginar?
“Tenemos fuego y leña, tienes el cuchillo; ya hemos hecho esto antes… ¿dónde está el cordero para el sacrificio?”
El pasaje nos señala inmediatamente la respuesta de Abraham. Sin embargo, yo creo que antes de que él emitiera su voz se produjo un profundo silencio.
¿Qué le diría? ¿Le iba a decir que él mismo era el sacrificio?
Con una sabiduría y una revelación que solamente Dios puede dar, con un corazón quebrantado y anhelante de la manifestación de Dios, Abraham le da aquella respuesta:
Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío.
Abraham no lo sabía, pero aquella respuesta era poderosamente profética. Abraham profetizó a Jesús, el Cordero de Dios, que sería entregado por tus pecados y los míos.
Sí, definitivamente, Dios se proveyó de Cordero para el holocausto.
Ahora, ¿lo ves a Dios en esta situación?
Cuando faltaban minutos para el arresto y el juicio y la tortura, Jesús fue con sus discípulos al Monte de los Olivos, no muy lejos del Monte Moriah.
Estando allí elevó su voz y le dijo “Padre mío...”.
El Padre, desde su trono celestial, respondió: “Heme aquí, mi Hijo”.
Y Jesús, en pleno conocimiento de lo que estaba a punto de suceder, le hizo aquella petición:
39 Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.
39 Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú.»
39 Él se adelantó un poco más y se inclinó rostro en tierra mientras oraba: «¡Padre mío! Si es posible, que pase de mí esta copa de sufrimiento. Sin embargo, quiero que se haga tu voluntad, no la mía».
39 Y adelantándose un poco, cayó sobre Su rostro, orando y diciendo: «Padre Mío, si es posible, que pase de Mí esta copa; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras».
¿Percibes el dolor en aquel diálogo?
Posible = δῠνᾰτός
Aquella disposición de Jesús para hacer la voluntad del Padre y no la suya propia es lo que nos trajo la salvación.
Porque vino a hacer la voluntad del Padre.
¿Y yo? ¿Y tú? ¿Todavía insistimos en vivir conforme a lo que se nos antoja? ¡Ya basta!
Tenemos que vivir haciendo la voluntad de Dios y no la nuestra, como nuestro amado Salvador.
Este diálogo entre Abraham e Isaac, entre el Padre y el Hijo, es una inmensa revelación del amor de Dios para con nosotros.
Entiéndelo, siéntelo, recíbelo: Dios te ama.
¿Observaste cómo termina el versículo 8?
Dice que (insiste en que) iban juntos.
Es lo mismo que dice en el versículo 6.
Hay aquí un énfasis en la compañía, en la presencia del Padre con el Hijo, en la imposibilidad del abandono.
Juntos…
6. Prepárate para obedecer a Dios con todo tu corazón, aunque te cueste lágrimas
9 Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. 10 Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
9 Cuando llegaron al lugar señalado por Dios, Abraham construyó un altar y preparó la leña. Después ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. 10 Entonces tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo,
9 Cuando llegaron al lugar indicado por Dios, Abraham construyó un altar y colocó la leña encima. Luego ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar, encima de la leña. 10 Y Abraham tomó el cuchillo para matar a su hijo en sacrificio.
9 Llegaron al lugar que Dios le había dicho y Abraham edificó allí el altar, arregló la leña, ató a su hijo Isaac y lo puso en el altar sobre la leña.
10 Entonces Abraham extendió su mano y tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo.
El plan perfecto de Dios llega a su punto culminante.
El momento perfecto de toda la historia de la humanidad se encuentra reflejado en este relato tan conmovedor.
¿No te impresiona lo que dice aquí?
Dios le había hablado a Abraham de su hijo, su único, Isaac, a quien amaba. Y aquí está Abraham, haciendo exactamente lo que Dios le había ordenado que hiciera.
¿Hacía esto Abraham porque su hijo no le importara?
¿Lo hacía porque no lo amaba?
¡No! Una y cien millones de veces, ¡NO!
Abraham amaba a su hijo con todo su corazón, era la luz de sus ojos y la única vía que conocía para el cumplimiento de las promesas de Dios.
Pero hizo esto.
Y pensar que a nosotros nos pesa obedecer a Dios en cosas tan pequeñas… ¡Damos vergüenza!
Considera el proceso.
Abraham edifica el altar reuniendo piedras, colocándolas una sobre otra hasta establecer una superficie aceptable.
Abraham coloca la leña (que había traído Isaac) sobre el altar, de tal manera que pudiera luego encenderla.
Abraham toma entonces a su hijo, lo ata y lo acuesta sobre el altar. Otra vez, Isaac no era un bebé. Se expresaba, reaccionaba. Se debe haber resistido, debe haber preguntado, puede haber pedido por favor que no le hiciera daño. ¿Puedes imaginar el corazón de aquel padre?
Abraham entonces toma el cuchillo bien afilado (el pasaje se detiene para relatar esto como si fuera una acción en cámara lenta, Dios quiere darnos los detalles), levanta el brazo sobre el rostro de su hijo que lo mira, que suplica, que llora.
...para degollar a su hijo.
Deja que esto llegue a tu corazón.
Ahora piensa en lo que sucedió un par de miles de años después, en el mismo monte, en el mismo lugar al que más adelante le llamaron “El monte de la Calavera”, o Calvario.
Luego de arrastrar la pesada cruz y no poder con ella, el Hijo de Dios es llevado atado, lastimado, ya sangrante, ya desfigurado, a la cumbre del monte.
17 Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; 18 y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio.
17 Jesús salió cargando su propia cruz hacia el lugar de la Calavera (que en arameo se llama Gólgota). 18 Allí lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio.
17 Él, cargando su propia cruz, fue al sitio llamado Lugar de la Calavera (en hebreo, Gólgota). 18 Allí lo clavaron en la cruz. También crucificaron a otros dos con él, uno a cada lado, y a Jesús, en medio.
17 Tomaron, pues, a Jesús, y Él salió cargando Su cruz al sitio llamado el Lugar de la Calavera, que en hebreo se dice Gólgota,
18 donde lo crucificaron, y con Él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio.
Allí está, la mano del Padre, Dios, alzada sobre su Hijo, sobre aquel mismo monte, por amor a ti y a mí.
Dios te ama. Por favor, recibe ese amor, déjate conmover por él.
7. Prepárate para experimentar al Dios Todopoderoso haciendo lo inesperado y lo imposible
11 Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. 12 Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único. 13 Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. 14 Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá. Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.
11 pero en ese momento el ángel del Señor le gritó desde el cielo:
—¡Abraham! ¡Abraham!
—Aquí estoy—respondió.
12 —No pongas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas ningún daño—le dijo el ángel—. Ahora sé que temes a Dios, porque ni siquiera te has negado a darme a tu único hijo.
13 Abraham alzó la vista y, en un matorral, vio un carnero enredado por los cuernos. Fue entonces, tomó el carnero y lo ofreció como holocausto, en lugar de su hijo. 14 A ese sitio Abraham le puso por nombre: «El Señor provee.» Por eso hasta el día de hoy se dice: «En un monte provee el Señor.»
11 En ese momento, el ángel del Señor lo llamó desde el cielo:
—¡Abraham! ¡Abraham!
—Sí —respondió Abraham—, ¡aquí estoy!
12 —¡No pongas tu mano sobre el muchacho! —dijo el ángel—. No le hagas ningún daño, porque ahora sé que de verdad temes a Dios. No me has negado ni siquiera a tu hijo, tú único hijo.
13 Entonces Abraham levantó los ojos y vio un carnero que estaba enredado por los cuernos en un matorral. Así que tomó el carnero y lo sacrificó como ofrenda quemada en lugar de su hijo. 14 Abraham llamó a aquel lugar Yahveh-jireh (que significa «el Señor proveerá»). Hasta el día de hoy, la gente todavía usa ese nombre como proverbio: «En el monte del Señor será provisto».
11 Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo y dijo: «¡Abraham, Abraham!» Y él respondió: «Aquí estoy».
12 Y el ángel dijo: «No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada. Porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único»
13 Entonces Abraham alzó los ojos y miró, y vio un carnero detrás de él trabado por los cuernos en un matorral. Abraham fue, tomó el carnero y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
14 Y Abraham llamó aquel lugar con el nombre de El Señor Proveerá, como se dice hasta hoy: «En el monte del Señor se proveerá».
Aquí es donde la historia del sacrificio de Isaac y la del sacrificio de Jesús difieren.
Allí estaba Abraham, aquel padre con el corazón hecho pedazos, con su mano alzada sosteniendo el cuchillo, los músculos tensos, la mirada puesta en su hijo al que estaba dispuesto a degollar por obediencia y confianza en Dios.
Entonces, justo entonces, ni antes ni después, se escuchó la voz del ángel de Jehová.
Lo volvió a llamar por su nombre, como tantas veces, pero esta vez repitiendo el llamado, con insistencia y urgencia, en el instante preciso, justo antes de que el cuchillo cayera sobre Isaac.
Estoy seguro de que Abraham había contenido la respiración antes de dejar caer el cuchillo sobre su hijo. Justo entonces escucha el llamado. Puedo escucharlo respirar ruidosamente, antes de decir “Heme aquí”, “Aquí estoy”.
“No extiendas tu mano...”
Y mientras el ángel seguía hablando, con el rostro bañado en lágrimas, cayendo probablemente de rodillas y convulcionándose en llanto, Abraham soltó el cuchillo.
Pero no te pierdas el otro extremo de la historia.
El Hijo vuelve a clamar al Padre, luego de haber hablado con Él en el Getsemaní, diciendo:
46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
46 Como a las tres de la tarde, Jesús gritó con fuerza:
—Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”).
46 A eso de las tres de la tarde, Jesús clamó en voz fuerte: «Eli, Eli, ¿lama sabactani?», que significa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?».
46 Y alrededor de la hora novena, Jesús exclamó a gran voz, diciendo: «Elí, Elí, ¿lema sabactani?». Esto es: «Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué Me has abandonado?».
En el caso de Abraham, la voz del ángel detuvo la mano y el cuchillo.
En el caso del Padre no hubo voz que lo detuviera, y el peso de la condena, mi condena y la tuya, cayó pesadamente sobre Jesús en toda su intensidad.
Fue brutal, violento, doloroso.
Fue por ti.
Fue por mí.
El corazón de Abraham había quedado expuesto, y en el quedó al descubierto su fe, su profunda confianza en Dios.
Abraham servía y serviría a Dios mucho más allá de lo que era capaz de entender.
¿Y tú le pides explicaciones a Dios y le preguntas por qué?
¡Necesitamos aprender tanto de Abraham!
...ya conozco que temes a Dios...
¡Claro! ¡Todos lo sabemos ahora!
A esto se refería Jesús cuando decía que para ser sus discípulos teníamos que negarnos a nosotros mismos. Abraham es un muy buen ejemplo.
23 Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. 24 Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. 25 Pues ¿qué aprovecha al hombre, si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo?
23 Dirigiéndose a todos, declaró:
—Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, lleve su cruz cada día y me siga. 24 Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará. 25 ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se destruye a sí mismo?
23 Entonces dijo a la multitud: «Si alguno de ustedes quiere ser mi seguidor, tiene que abandonar su manera egoísta de vivir, tomar su cruz cada día y seguirme. 24 Si tratas de aferrarte a la vida, la perderás, pero si entregas tu vida por mi causa, la salvarás. 25 ¿Y qué beneficio obtienes si ganas el mundo entero, pero te pierdes o destruyes a ti mismo?
23 Y a todos les decía: «Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.
24 »Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, pero el que pierda su vida por causa de Mí, ese la salvará.
25 »Pues, ¿de qué le sirve a un hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se destruye o se pierde?
Justo entonces, se cumplió a corto plazo la profecía de Abraham. Dios se proveyó de cordero para el sacrificio.
Había estado allí todo el tiempo, justo detrás de Abraham, y “por alguna razón” no lo había percibido hasta ese preciso momento.
Abraham desató a su hijo. Seguro que lo abrazó, lloró con él, y el lazo entre ambos se hizo más profundo todavía.
Hubo un substituto para Isaac.
Así como hubo un substituto para ti y para mí.
El Cordero de Dios fue sacrificado en la cruz, justo cuando la condena podía haber caído sobre ti y sobre mí.
Dios se proveyó de Cordero para el sacrificio.
Conclusión:
15 Y llamó el ángel de Jehová a Abraham por segunda vez desde el cielo, 16 y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo; 17 de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. 18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz. 19 Y volvió Abraham a sus siervos, y se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba.
15 El ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo, 16 y le dijo:
—Como has hecho esto, y no me has negado a tu único hijo, juro por mí mismo—afirma el Señor—17 que te bendeciré en gran manera, y que multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena del mar. Además, tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos. 18 Puesto que me has obedecido, todas las naciones del mundo serán bendecidas por medio de tu descendencia.
19 Abraham regresó al lugar donde estaban sus criados, y juntos partieron hacia Berseba, donde Abraham se quedó a vivir.
15 Luego el ángel del Señor volvió a llamar a Abraham desde el cielo.
16 —El Señor dice: Ya que me has obedecido y no me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo, juro por mi nombre que 17 ciertamente te bendeciré. Multiplicaré tu descendencia hasta que sea incontable, como las estrellas del cielo y la arena a la orilla del mar. Tus descendientes conquistarán las ciudades de sus enemigos; 18 y mediante tu descendencia, todas las naciones de la tierra serán bendecidas. Todo eso, porque me has obedecido.
19 Luego volvieron al lugar donde estaban los siervos y viajaron de regreso a Beerseba, donde Abraham siguió habitando.
15 El ángel del Señor llamó a Abraham por segunda vez desde el cielo,
16 y le dijo: «Por Mí mismo he jurado», declara el Señor, «que por cuanto has hecho esto y no me has rehusado tu hijo, tu único,
17 de cierto te bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu descendencia poseerá la puerta de sus enemigos.
18 »En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has obedecido Mi voz»
19 Entonces Abraham volvió a sus criados, y se levantaron y fueron juntos a Beerseba. Y habitó Abraham en Beerseba.
