Existencia de Dios
Creencias apostatas
¿Quién es Dios?
Prueba de la existencia de Dios
La Biblia comienza y termina con la afirmación y conjetura de la existencia de Dios: “En el principio Dios” (Gn. 1:1). Las Escrituras simplemente anuncian al hombre lo que él ya sabe en su corazón, que Dios existe. Gordon Lewis y Bruce Demarest lo expresaron así: “La manera directa en la que se presenta a Dios en el primer capítulo de la Biblia nos lleva a creer que el concepto fundamental de Dios fue la cualidad común de todas las personas desde el principio”.
La Biblia no tiene argumentos o pruebas formales de la existencia de Dios. De hecho, el ateísmo filosófico no aparece en las Escrituras; el único ateísmo del que se habla es el ateísmo práctico: “Dice el necio en su corazón: “No hay Dios’ ” (Sal. 14:1; 53:1). Esto no es tanto una declaración que niega la existencia de Dios, sino una que niega la relevancia de Dios. Es decir, se trata de una confesión de que Dios es innecesario.
Como se ha argumentado anteriormente, la fuente de la teología sistemática es sólo el canon protestante. Por lo tanto, la existencia de Dios será demostrada aquí según la Biblia y solamente se hará una crítica a las pruebas filosóficas tradicionales.
No podemos probar que Dios existe; pero podemos demostrar que, con el fin de [probar] la existencia de cualquier conocimiento, pensamiento, razón, o conciencia en el hombre, el hombre tiene que dar por sentado que Dios existe”
Pruebas tradicionales
Argumento cosmológico
Argumento teleológico
Esta prueba declara que los seres humanos de manera general aceptan que el universo revela diseño, propósito y un orden tal que nos habla de la existencia de un Diseñador inteligente. Esta prueba avanza más allá del argumento cosmológico al plantear la inteligencia y el propósito del d/Dios postulado. De hecho, fue esta idea de diseño la que mantuvo a la teología evangélica y la ciencia moderna (es decir, la fe y la razón) unidas hasta el crecimiento del darwinismo.
Argumento antropológico
Argumento ontológico
René Descartes lo enfocó un poco diferente. Dijo que todo el mundo tiene esta idea de la existencia de un ser infinitamente perfecto, y, dado que los humanos son finitos, esta idea no podría haberse originado por ellos. Más bien, tuvo que venir de este ser.
