Tiempos de sequía espiritual

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Las Escrituras indican que los creyentes, tanto individualmente como en comunidad, pueden pasar por períodos en los que dejan de experimentar la refrescante y vivificante presencia de Dios. Una causa de este tipo de sed espiritual es la incredulidad. Las Escrituras también indican formas como esta sed puede ser mitigada.

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Contexto

Los Profetas Mayores (Tomo 4) 3. La antinatural ingratitud de Israel (2:9–13)

3. La antinatural ingratitud de Israel (2:9–13)

A pesar de la ingratitud de Israel, Dios no abandonó a la nación delincuente. Contenderé aún con vosotros (9), es decir, para conseguir que volváis. Las apostasías de Israel son en realidad algo inexplicable. A la luz de todas las pasadas acciones de Dios en beneficio de ellos, parece tan antinatural que abandonaran al Señor y sirvieran a los ídolos. Dios los increpa: Pasad a las costas de Quitim y mirad; y enviad a Cedar…y ved si…¿alguna nación ha cambiado sus dioses?…Sin embargo, mi pueblo ha…(10–11). Israel se había conducido con el Señor peor que las naciones paganas con sus dioses, aunque ellos no son dioses (11). ¿Cómo podía una nación hacer una cosa así? La única respuesta es que el pecado introduce en los hombres pasiones extrañas y antinaturales. ¡Espantaos, cielos (12), ante las cosas que hacen personas que han conocido las riquezas de la misericordia y el amor de Dios! Pero los pecados de infidelidad e ingratitud son males gemelos que abren el alma a toda clase de locuras e insensateces.

Dios continúa diciendo: Dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron…cisternas rotas que no retienen agua (13). La metáfora adquiere mayor significación cuando se recuerda que Palestina es una tierra árida. Dejar una fuente de la que fluye agua fresca y cristalina, y cambiarla por las aguas estancadas y pútridas de una cisterna, es irrazonable. Y si ésta está rota y no retiene el agua, tal acción es inimaginable. Pero los dioses a los que Israel ha acudido son precisamente tan inútiles e incapaces de ayudar como las cisternas

Sequía espiritual en los incrédulos

Salmo 68:6 NTV
Dios ubica a los solitarios en familias; pone en libertad a los prisioneros y los llena de alegría. Pero a los rebeldes los hace vivir en una tierra abrasada por el sol.
Ver también Is 29:7–8

Ver también Is 45:8; Is 55:1; Jn 4:13–14; Tit 3:5–7; Ap 22:17

La experiencia de la sequía espiritual en los creyentes

Salmo 63:1 NTV
Oh Dios, tú eres mi Dios; de todo corazón te busco. Mi alma tiene sed de ti; todo mi cuerpo te anhela en esta tierra reseca y agotada donde no hay agua.
Ver también Sal 143:6; Ez 19:10–14

La causa de la sequía espiritual en los creyentes

Pecado no confesado

Salmo 32:3–4 NTV
Mientras me negué a confesar mi pecado, mi cuerpo se consumió, y gemía todo el día. Día y noche tu mano de disciplina pesaba sobre mí; mi fuerza se evaporó como agua al calor del verano. Interludio
Ver también Sal 66:18; Is 1:28–30

Depresión espiritual

Salmo 42:1–2 NTV
Como el ciervo anhela las corrientes de las aguas, así te anhelo a ti, oh Dios. Tengo sed de Dios, del Dios viviente. ¿Cuándo podré ir para estar delante de él?

Autosuficiencia

Jeremías 2:13 NTV
Pues mi pueblo ha cometido dos maldades: me ha abandonado a mí —la fuente de agua viva— y ha cavado para sí cisternas rotas ¡que jamás pueden retener el agua!
Ver también Jr 17:5–6

Juicio de Dios

Amós 8:11 NTV
»Ciertamente se acerca la hora —dice el Señor Soberano— cuando enviaré hambre a la tierra, no será hambre de pan ni sed de agua, sino hambre de oír las palabras del Señor.

El remedio para la sequía espiritual en la vida de los creyentes

A través de la confesión

1 Juan 1:8–9 NTV
Si afirmamos que no tenemos pecado, lo único que hacemos es engañarnos a nosotros mismos y no vivimos en la verdad; pero si confesamos nuestros pecados a Dios, él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.
Ver también Sal 32:5; Sal 51:12; 1 Jn 3:19–22

A través de la Escritura

Salmo 1:2–3 NTV
sino que se deleitan en la ley del Señor meditando en ella día y noche. Son como árboles plantados a la orilla de un río, que siempre dan fruto en su tiempo. Sus hojas nunca se marchitan, y prosperan en todo lo que hacen.
Ver también Dt 32:1–2; Is 55:10–11

A través de Jesucristo

Juan 6:35 NTV
Jesús les respondió: —Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca volverá a tener hambre; el que cree en mí no tendrá sed jamás.

El remedio para la sequía espiritual se encuentra en Jesucristo

Juan 7:37–39 NTV
El último día del festival, el más importante, Jesús se puso de pie y gritó a la multitud: «¡Todo el que tenga sed puede venir a mí! ¡Todo el que crea en mí puede venir y beber! Pues las Escrituras declaran: “De su corazón, brotarán ríos de agua viva”». (Con la expresión «agua viva», se refería al Espíritu, el cual se le daría a todo el que creyera en él; pero el Espíritu aún no había sido dado, porque Jesús todavía no había entrado en su gloria).
Ver también Jn 7:37–39; Stg 5:7–8

La gracia en Cristo se compara con el agua de una fuente, fría y refrescante, que limpia y fertiliza: al agua viva porque vivifica a los pecadores muertos, revive a los santos desanimados, sostiene y mantiene la vida espiritual, y manda vida eterna y fluye para siempre. Abandonar esta Fuente es el primer mal; se hace esto cuando el pueblo de Dios descuida su palabra y sus ordenanzas

A través del Espíritu Santo

Isaías 44:3 NTV
Pues derramaré agua para calmar tu sed y para regar tus campos resecos; derramaré mi Espíritu sobre tus descendientes, y mi bendición sobre tus hijos.
Ver también Is 32:13–15; Ro 15:13

Finalmente en el cielo

Apocalipsis 7:16–17 NTV
Nunca más tendrán hambre ni sed; nunca más les quemará el calor del sol. Pues el Cordero que está en el trono será su Pastor. Él los guiará a manantiales del agua que da vida. Y Dios les secará cada lágrima de sus ojos».
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