Yo Estaré Contigo

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Introducción

Hay una pregunta que suelen hacer a personas de renombre, ya sea actores, científicos, artistas, cantantes, músicos, gobernantes, etc.
La pregunta es: ¿En qué momento de tu vida supiste que ibas a ser X?”
A la gente le interesa saber si hubo una experiencia que marcó sus vidas de tal manera que les dio cierta trayectoria al rumbo de sus vidas.
En mi caso, mi pasión por la medicina, la administración de los planes de beneficio de farmacia, se dio cuando mi papá tuvo que surtir más de 6 medicamentos durante el mes y llegó a su limite.
Allí aprendí la importancia de administrar los fondos de medicamento con mucho cuidado para que el presupuesto no se agotara y así poder cubrir los medicamentos de todos los pacientes de Medicaid.
Aprendí la importancia de que los médicos entendieran que a veces el seguro no cubre ciertos medicamentos y los pacientes tienen que esperar días o quizá semanas para iniciar un nuevo medicamento.
Son casos así que llegan a marcar nuestras vidas y en muchos casos produce una pasión por la vocación que elegimos.
Hoy vamos a ver ese momento crucial en la vida de Moisés donde él comprendió al 100% el llamado que había recibido de parte de Dios.
A partir de este momento, Moisés no podría dudar si Dios lo había llamado.
A partir de este momento, Moisés no podía sentirse inseguro del propósito de Dios para su vida.
Hoy consideraremos:
El Dios que llama
El Dios que es santo
El Dios que está con los que ha llamado

I. El Dios que llama

En Éxodo 2 vimos a Moisés actuar de manera impulsiva al matar al Egipcio que estaba golpeando a uno de sus hermanos hebreos.
Fue un acto impulsivo que llevó a Moisés a matar al egipcio y lo convierte en un fugitivo.
Moisés sintió el impulso de hacer algo por su pueblo, sus hermanos, que eran esclavos en Egipto.
Al convertirse en fugitivo, se encuentra ahora en el desierto de Madían.
Con una esposa, Séfora.
Con un hijo, Gersón.
…y con un nuevo oficio, pastor del rebaño de su suegro.
Han pasado ya 40 años en que Moisés ha logrado vivir alejado de Egipto.
Hechos de los Apóstoles 7:23 NBLA
»Pero cuando iba a cumplir la edad de cuarenta años, sintió en su corazón el deseo de visitar a sus hermanos, los israelitas.
Hechos de los Apóstoles 7:30 NBLA
»Pasados cuarenta años, se le apareció un ángel en el desierto del monte Sinaí, en la llama de una zarza que ardía.
40 años de vivir en el desierto de Madián.
Moisés ya tiene 80 años.
Ya es un hombre maduro.
Es posible que Gersón, el hijo de Moisés, tiene la misma edad que su padre tenía cuando salió huyendo de Egipto.
Después de 40 años de la experiencia que tuvo de intervenir para hacer algo por los hebreos, es posible que Moisés piense que fue algo del pasado, fue tal vez un error, fue tal vez una equivocación.
Sin embargo, el Dios de la gloria no ha olvidado al pueblo de Dios ni ha olvidado a Moisés.
Es posible que Dios ha permitido que este tiempo de Moisés en el desierto haya servido como un tiempo de preparación para su siervo.
Éxodo 3:1 NBLA
Moisés apacentaba el rebaño de Jetro su suegro, sacerdote de Madián; condujo el rebaño hacia el lado occidental del desierto y llegó a Horeb, el monte de Dios.
Moisés fue pastor de ovejas por 40 años.
Dentro de muy poco tiempo estaría pastoreando a todo el pueblo de Dios - un pueblo de casi 600,000 personas.
Su tiempo en el desierto, cuidando al rebaño, lo estaría preparando para liderar al pueblo de Dios, al pueblo llamado por Dios, al pueblo que Dios eligió de entre todos los pueblos de la tierra.
Vemos pues que en un día ordinario Dios llama a su siervo, después de 40 años de silencio.
Éxodo 3:1–3 NBLA
Moisés apacentaba el rebaño de Jetro su suegro, sacerdote de Madián; condujo el rebaño hacia el lado occidental del desierto y llegó a Horeb, el monte de Dios. Y el ángel del Señor se le apareció en una llama de fuego, en medio de una zarza. Al fijarse Moisés, vio que la zarza ardía en fuego, pero la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: «Me acercaré ahora para ver esta maravilla, por qué la zarza no se quema»
Moisés conduce al rebaño al la tierra de Horeb.
No sabemos exactamente la ubicación exacta.
Lo más probable es que Moisés camino 1-2 días en busca de agua y pastos verdes para las ovejas.
No era raro que un pastor caminara 1-2 días de camino con su rebaño.
Pero, Moisés nos adelanta lo que está a punto de suceder cuando dice que Moisés llegó al “monte de Dios”.
Moisés está a punto de tener un encuentro con el Dios de la gloria.
Moisés está a punto de tener una experiencia con el creador de los cielos y la tierra.
Moisés está a punto de tener un encuentro con el Dios que aprendió desde su infancia de parte de su madre Jocabed.
De pronto se mira un fenómeno sobre la montaña - una zarza que arde en fuego pero que no se consume.
Moisés mira de lejos y sube la montaña para investigar lo que está mirando.
Sé acerca más y más, y en efecto ve algo sorprendente - una zarza diferente a todas las demás zarzas que crecen en esa región montañosa.
Mirar una zarza arder en fuego era común. Los relámpagos en ocasiones tocan la tierra y provocan incendios. Pero, esta zarza es completamente diferente - arde en fuego, sigue ardiendo, pero no hay ceniza, no se consume, el fuego sigue ardiendo continuamente.
Moisés no entiende lo que está mirando.
Pero, la Biblia nos dice que es “el ángel del SEÑOR”. En otros lugares de la Biblia aprendemos que “el ángel del SEÑOR” no es un ángel de Dios sino el mismo Dios.
En este caso sabemos que es Dios mismo porque el versículo 2 nos dice que “el ángel del SEÑOR se le apareció en una llama de fuego, en medio de una zarza” y luego en el versículo 4 vemos que es Dios mismo (Jehová), Dios que llama “de en medio de la zarza” a Moisés.
Pero Moisés no sabe aún lo que está mirando. Él está algo increíble, algo que jamás ha visto - pero a partir de este momento su vida jamás va a ser igual.
Dios está a punto de hablar al egipcio fugitivo, al que era hijo de la hija del Faraón, al que es hijo de esclavos hebreos:
Éxodo 3:4 NBLA
Cuando el Señor vio que Moisés se acercaba para mirar, Dios lo llamó de en medio de la zarza, y dijo: «¡Moisés, Moisés!». Y él respondió: «Aquí estoy».
Notemos que Moisés no estaba buscando a Dios.
Para Moisés este era un día común y corriente.
Moisés estaba cumpliendo con sus deberes de pastor.
Ya habían pasado 40 años desde que salió de Egipto.
Es como cuando comenzamos a olvidar como era nuestra casa que dejamos en México, como era la plaza central, comenzamos a olvidar los detalles a causa del tiempo y la distancia.
Pero, aquí vemos a Dios tomar la iniciativa.
Este es un principio que vemos a lo largo de la Biblia.
El hombre por naturaleza no busca a Dios. Pablo lo describe de esta manera:
Romanos 3:10–12 NBLA
Como está escrito: «No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios. Todos se han desviado, A una se hicieron inutiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.
El hombre por su voluntad no se acerca a Dios.
Más bien, el hombre llega a Dios, a Cristo, a conocer el evangelio, porque Dios lo llama.
Dios llama al hombre de una manera sobrenatural. Dios nos atraé hacía él para creer en el evangelio de Cristo.
Por tanto amigo y hermano, si usted está en este lugar, tenga por seguro que es porque Dios lo ha llamado a usted.
Dios lo ha traído hasta este lugar.
Ha sido la mano de Dios quien lo ha traído a este lugar - tal vez no a una montaña (al monte de Dios), tal vez no donde esta la zarza ardiendo en fuego que no se consume, pero lo ha traído a un lugar donde se alaba al Dios viviente y escuchamos su voz a través de la predicación de su palabra.
Por lo tanto, yo lo invito a ser sensible a la voz de Dios, no endurezca su corazón, sino crea en el Dios que lo ha llamado para conocerlo.
Cree que Dios te está llamando a ti así como Dios llamó a Moisés por su nombre.

II. El Dios que es santo

Después de 40 años Moisés tiene un encuentro con el Dios vivo. ¿Cómo se ira a revelar Dios a Moisés?
¿Qué le va a decir Dios a Moisés?
Éxodo 3:5–6 NBLA
Entonces Dios le dijo: «No te acerques aquí. Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa» Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Entonces Moisés se cubrió el rostro, porque tenía temor de mirar a Dios.
Antes que Dios revela su identidad notemos lo que le dice a Moisés. Le dice que se quite las sandalias de los pies porque el lugar donde está parando es tierra santa.
Moisés conocía esta tradición pues era muy común entre la gente del medio oriente.
Los sacerdotes egipcios servían descalzos en sus templos.
Aun en nuestros tiempos vemos que en la cultura asiática es una costumbre quitarse los zapatos antes de entrar a sus hogares.
Los musulmanes se quitan sus zapatos al entrar a su mezquita.
Se quitan los zapatos porque se tiene la idea de que están contaminando el lugar con el polvo/suciedad de la suela de los zapatos.
En este caso Dios le dice a Moisés - quítate las sandalias porque este es un lugar santo.
Ahora, el lugar en sí no era santo.
Era una montaña común y corriente como cualquiera de las otras montañas del mundo.
Sin embargo, Dios estaba allí y por tanto ese lugar se convertía en un lugar santo porque Dios estaba allí.
Dios santifica cualquier lugar donde él se encuentra.
Dios lo purifica, Dios lo separa, Dios hace diferente el lugar donde manifiesta su presencia.
Así que Moisés recibe una lección acerca de uno de los atributos de Dios - la santidad de Dios.
Dios es santo. Dios es puro. No hay oscuridad ni pecado en Dios.
No hay mancha ni maldad en Dios.
Es por eso que Isaías al contemplar la santidad de Dios estuvo consciente de su propio pecado/inmundicia.
Isaías 6:5 NBLA
Entonces dije: «¡Ay de mí! Porque perdido estoy, Pues soy hombre de labios inmundos Y en medio de un pueblo de labios inmundos habito, Porque mis ojos han visto al Rey, el Señor de los ejércitos».
Es la misma reacción que Moises tiene:
Éxodo 3:6 NBLA
Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Entonces Moisés se cubrió el rostro, porque tenía temor de mirar a Dios.
Moisés sabe que está en la presencia del Dios santo.
Sabe que él ha pecado, sabe que él ha fallado, sabe que es un asesino fugitivo, y está en presencia del Dios santo.
Por tanto, yo les invito hermanos a estar conscientes de la presencia del Dios santo ante el cual hemos venido el día de hoy - es un Dios que merece nuestra admiración, adoración, asombro, alabanza - pues es el Dios santo de los siglos.
Y por consecuencia reconocemos nuestras faltas porque sabemos que Dios es santo y nosotros no.
Por tanto, nos acercamos a él para ser lavados con la sangre de su hijo Jesucristo mediante el cual tenemos el perdón de los pecados.
Al creer en él, Dios viene a morar en nosotros - nos convertimos en templo y morada del Espíritu Santo.
¿…y dónde mora Dios que sucede?
¿Dónde Dios manifiesta su presencia que pasa? - es santificado.
Somos santos no por nuestra virtud sino porque la presencia de Dios mora en nosotros.

III. El Dios que está con los que ha llamado

Dios comienza a declarar a Moisés la misión para la cual ha sido llamado:
Éxodo 3:7–10 NBLA
Y el Señor dijo: «Ciertamente he visto la aflicción de Mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos. »Así que he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel, al lugar de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los ferezeos, de los heveos y de los jebuseos. »Y ahora, el clamor de los israelitas ha llegado hasta Mí, y además he visto la opresión con que los egipcios los oprimen. »Ahora pues, ven y te enviaré a Faraón, para que saques a Mi pueblo, a los israelitas, de Egipto»
Dios ha escuchado a su pueblo.
Dios no ha pasado por alto el sufrimiento de los hijos de Abraham.
Dios va a librarlos y llevarlos a la tierra prometida - a la tierra que mana leche y miel.
Dios va a usar a Moisés para ir ante el Faraón y librar a Israel de la opresión de los egipcios.
Es cierto, han pasado 40 años, pero Dios no ha olvidado a su pueblo. Es su tiempo de liberación.
Moisés reacciona como cualquiera de nosotros hubiéramos reaccionado.
Éxodo 3:11 NBLA
Pero Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy yo para ir a Faraón, y sacar a los israelitas de Egipto?»
Moisés, no olvidemos, era un fugitivo.
Moisés no puede creer la tarea que ha recibido de parte de Dios.
Sin embargo, Dios le dice lo único que tiene que saber. Lo que Dios le dice es suficiente para que Moisés vaya completamente confiado a cumplir la misión que Dios le ha ordenado.
Éxodo 3:12 NBLA
«Ciertamente Yo estaré contigo», le respondió el SEÑOR/, «y la señal para ti de que soy Yo el que te ha enviado será esta: cuando hayas sacado al pueblo de Egipto ustedes adorarán a Dios en este monte».
Oh hermanos, notemos que Moisés recibe la misma promesa que reciben los creyentes de parte de Jesucristo.
Mateo 28:20 NBLA
enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado; y ¡recuerden! Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo».
Moisés puede ir confiado ante Faraón porque Dios está con él.
No hay nadie más grande que Dios. Por tanto, si Dios va con Moisés, no necesita a nadie más.
Moisés ha sido llamado por Dios, ha sido llamado por el Dios santo, por el Dios que ha revelado su presencia desde el monte de Dios, y ahora le promete a su siervo que estará con él y por tanto no debe temer.
Es la misma seguridad que nosotros debemos tener al saber que Jesús está con nosotros hasta el fin del mundo.
Su presencia nos acompaña en las alegrías, en los tiempos de gozo, en los tiempos de triunfo, en los tiempos de victoria, pero también está en los momentos de oscuridad, de dificultad, de prueba, de tribulación, de confusión, de desesperación, en todo tiempo Dios está con nosotros.
Esta es una promesa que no debemos olvidar.
Esta promesa, que Dios está con nosotros, es una convicción que el creyente debe abrazar continuamente.
A lo largo de la vida cristiana, crecemos en esta convicción y seguridad de que Dios está con nosotros.
Así que el Dios que no abandonó a Abram mientras era un pagano en Ur de los Caldeos, el Dios que no abandonó a José en la prisión, el Dios que no dejó morir de hambre a los hijos de Israel, el Dios que cuidó de su pueblo Israel en medio de las penurias que sufrían en Egipto, el Dios que no permitió que Moisés muriera ahogado en el Nilo (cuando era bebé) es el mismo Dios que estará con él hasta el fin.
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