Qué Le Estás Trayendo A Dios

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¿QUÉ LE ESTÁS TRAYENDO A DIOS?

 

Amós 5:21-23

 

 

Introducción.

 

     Dios ha establecido, desde el principio, que cada vez que nos acercáramos a Él, tendríamos que traer algo.  En Éxodo 34.20, la Biblia dice: Redimirás todo primogénito de tus hijos; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.  Desafortunadamente, este concepto ha sido cambiado, tergiversado y abusado, y son muchos los que lo utilizan para sacar ganancias del pueblo.  Dios tenga misericordia de los hombres en el ministerio que piensan que su sustento viene de los otros hombres, y se olvidan del Dios que los llamó y prometió sustentarles.

     Cada vez que tú vengas a la Presencia de Dios, debes traer ofrenda a Dios, no a los hombres.  Es posible que algunos consideren que me estoy refiriendo al dinero.  Lo que quiero decir es que a Dios no solo se le ofrenda con el dinero, se le ofrenda con el corazón.  No es cuestión de dinero, es cuestión de honor.  Ofrendar a Dios significa honrar a Dios con lo mejor que yo tenga.  El valor de la ofrenda nunca está en la cantidad, sino en la calidad de la ofrenda que se trae a Dios.  Esto fue lo que hizo distinción entre Caín y Abel, no era simplemente cuánto traía cada uno, sino más bien cómo lo traía.  Jesús quiso enseñarles a sus discípulos este concepto cuando les habló de la ofrenda de aquella pobre viuda que solamente trajo dos blancas (equivalía a unos pocos centavos).

     Antes de que Dios vea tu ofrenda, Dios ve tu corazón.   La ofrenda no consiste únicamente en dinero, pues quien verdaderamente está agradecido con el Señor, no le niega nada. Le ofrenda dinero, le ofrenda alabanzas, le ofrenda adoración, le ofrenda contando testimonios de las grandezas que Dios hace en su vida, le ofrenda tiempo, le ofrenda su servicio; en pocas palabras, le ofrenda toda su vida.

 

      Pero hay ofrendas que Dios rechaza, aunque traigas un saco de dinero, Dios la puede rechazar, aunque pases un día entero en ayuno, Dios lo puede rechazar.

I.-  El papel del profeta.

 

    Mucho hemos hablado sobre los falsos profetas, los profetas que se anuncian ellos mismos y que creyentes con poco o ningún fundamento espiritual  corren tras ellos.  Hoy yo quiero referirme al verdadero profeta llamado por Dios.  Tres términos particulares en hebreo se utilizan para designar a los profetas. El más usual es nabhi, que se usa unas 300 veces en el AT. Esta palabra viene de una raíz que significa “llamar”, o “uno que es llamado”. Los otros dos son ra’ah y hazah, ambos relacionados con la idea de “ver” y traducidos al castellano como “vidente”. También se les llama ish elohim (varón de Dios). En la Septuaginta, la palabra nabhi se traduce al griego como prophetes, es decir, “alguien que habla a nombre de”. El NT hereda este uso.

El profeta era una persona que recibía una revelación de Dios y la transmitía a los hombres. La condición de profeta era un llamamiento directo de Dios, no se heredaba. No pertenecía, entonces, a ningún linaje especial. Podía ser un sacerdote, como •Jeremías, o un pastor, como •Amós. El mensaje que Dios le revelaba muchas veces no era del agrado del profeta mismo, pero tenía que trasmitirlo de todas maneras. Tampoco agradaría a los oyentes, pero no podía evitar pronunciarlo.

     Amós no buscó ser profeta, fue Dios quien lo buscó a él. Jeremías, no pidió ser profeta, Dios lo escogió antes de nacer.  Isaías no buscó ser profeta, Dios le permitió ver una visión y producto de esa revelación, entendió que Dios estaba buscando un hombre para enviarlo, y yo me imaginó que él levantó la mano y dijo: “Heme aquí, Señor, envíame a mí”.  

     El verdadero profeta de Dios sabe que su ministerio se debe al Señor, quien lo llamó y a quién tiene que rendirle cuentas.  Dios está buscando gente que hable Su Palabra con unción y con autoridad, y que no le tenga miedo al que dirán, que no  tema si la gente le deja de hablar, que no tema si se le cierran puertas, Dios abrirá otras, pero que hablen Su Palabra.

II.-  Tipos y significados de las ofrendas.

     En el Antiguo Testamento, específicamente en Levíticos capítulos 1 al 7, Dios instruye a Su pueblo sobre las distintas clases de ofrendas que Él demandaba y su significado, a saber: la ofrenda quemada u holocausto, que era la figura central en la adoración en el templo, significaba que todo se consumía por el fuego, nada se rescataba y hablaba de entrega total; la ofrenda por el pecado, se usaba para restaurar a una persona o un lugar que había sido inmundo (el caso de los leprosos); la ofrenda de la culpa,  que se presentaba como restitución cuando se cometía inconscientemente un pecado; la ofrenda de acción de gracias, que se le traía al Señor como gratitud por las bendiciones recibidas.

     Dios no se beneficiaba en ninguna medida con ninguna de estas ofrendas.  Ninguna de ellas lo hacía a Él más Dios; sin embargo, Dios se deleitaba en la actitud del corazón del ofrendador.  La razón de ello era porque esa actitud demostraba cómo la persona consideraba a Dios en su vida.

     El rey David declaró en una oportunidad que hay una ofrenda que el Señor jamás desprecia, en el Salmo 51:17, la Biblia dice: “Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado, al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh, Dios

     El ejemplo más grande del acto de ofrendar no lo presentó ningún ser humano en sí mismo, sino Dios, cuando Él mismo se hizo ofrenda y se entregó a Sí Mismo como la ofrenda perfecta por el pecado, para que los hombres pudiéramos ser reconciliados con Dios.   Quiero decirte que Dios te está buscando a ti, está buscando tener comunión contigo, la ofrenda es importante, pero tú eres más importante que todo lo que puedas traerle a Dios.

III.-   Cuando Dios rechaza tu ofrenda.

 

     Hoy día, está en la mente de muchos el traerle a Dios cualquier cosa.  No importa lo que sea, tráelo a Dios que Él lo acepta.  No sé de dónde ha salido semejante idea, eso no está en la Biblia.  La ofrenda habla de relación, de encuentro y de comunión.  El hombre viene ante la Presencia de Dios  y en gratitud ofrenda lo que Dios ha señalado.  Lo que Dios acepta como venga es al pecador, pero después que Dios lo limpia, Dios establece con él una relación y es durante esa relación que el hombre se acerca a Dios con gratitud en el corazón.

     Dios había prometido que, si los israelitas le honraban con su vida, Él se complacería, recibiría y miraría los sacrificios de Israel y escucharía sus palabras. Al declarar que Él ya no aceptaría los sacrificios de Israel ni los escucharía, Dios estaba rechazando la adoración de Israel como hipócrita, deshonesta y sin significado. Solemnidades y asambleas se refiere, en general, a toda la adoración de Israel. Holocaustos … ofrendas … ofrendas de paz.

 

     Todos sabemos que las Escrituras dicen que Dios habita en medio de las alabanzas de Su Pueblo;  pero esta tarde quiero decirte algo, que hay alabanzas que Dios no acepta, que a Dios no se le puede traer cualquier cosa, que a Dios no se le sirve de cualquiera manera.  Cuando quiero voy,  y cuando no quiero no voy.  Todo me da igual.

     Se imagina lo grave que es escuchar a Dios decir: “No me cantes alabanzas, porque no me deleito en ellas,… tus testimonios no me glorifican a Mí”.  Es triste que Dios tenga que decir, No me deleito en lo que estás haciendo para Mí.

     Soy el último en tu lista, las mejores horas del día se la dedicas a otro, lo único que recibo es tu cansancio, tus bostezos y tus excusas.  Por eso no puedo bendecirte.  No puedo bendecir tus planes, porque no me tomas en cuenta, tienes tu propia agenda.  Has perdido la pasión que debes mostrar por mis cosas y piensas que me puedes traer cualquier cosa y yo me voy a agradar.

IV.-  Cuando Dios rechaza tu ayuno.

 

     Uno de los aspectos de la religión judía que tenía para el pueblo matices de profunda espiritualidad eran las prácticas del ayuno. Aparte del único ayuno estipulado en la ley de Dios, el ayuno del Día de la Expiación (Lev. 16:29), en que el ayuno es una expresión de humillación personal (lit. “afligir el alma”), a diferencia de lo que muchos piensan que es afligir la carne, el verdadero sentido del ayuno era afligir el alma.

     Estos ayunos eran formulismos carentes de significado religioso. La conducta del pueblo en estos días confirma esta aseveración, que en más de una ocasión un día de ayuno se convirtió en un tumulto o una ocasión de explotación de parte de los dirigentes y los que se daban el lujo de ayunar, contra aquellos a quienes sometían a trabajo forzado (Isaías 58: 3, 4).

El argumento divino cuestiona la validez de una costumbre si carece de contenido ético (Isaías 58: 5–7). Si se trata de conseguir algo de parte de Dios a costa de esfuerzo y de cierta incomodidad, dice el Señor, ¿No consiste, más bien, el ayuno que yo escogí, en desatar las ligaduras de impiedad... (alusión a la esclavitud del judío por el judío). Ver Isaías 58: 6; comp. Nehemías 5:5. ¿No consiste en compartir tu pan con el hambriento y en llevar a tu casa a los pobres sin hogar? (Isaías 58: 7; comp. Neh. 5:17). El libro de Nehemías nos revela cómo este guía del pueblo enseñó con su ejemplo las demandas éticas de Dios. Sólo el mínimo sacrificio de una persona a favor de su prójimo es considerado por Dios como verdadero ayuno y verdadera religiosidad (Isaías 58: 5; comp. Stg. 1:26, 27).

Sólo cuando esto ocurra en la vida del pueblo despuntará la luz que anuncia la redención y la victoria (Isaías 58:8). Sólo entonces habrá una respuesta inmediata y positiva a la oración: Entonces invocarás, y Jehová te escuchará. Clamarás, y él dirá: "¡Aquí estoy!" (Isaías 58: 9). Entonces Israel empezará a cumplir el objetivo divino de ser luz a las naciones (Isaías 58: 10b). Luego se verificará una restauración ecológica y la reconstrucción del país (Isaías 58: 11, 12). Entonces, cuando el sábado sea realmente consagrado a Jehová, el pueblo se deleitará en su Dios y podrá tener la victoria sobre los problemas insalvables (Isaías 58: 13, 14). Las promesas de Dios tienen el sello de confirmación que comprometen su mismo nombre: Porque la boca de Jehová ha hablado.

V.-  Me santificaré en los que a Mí se acercan.

 

     El propósito de este mensaje es señalarte que Dios se interesa más en ti.  Hay cosas que Dios quiere revelarte, a través de Su Palabra, hay otros niveles espirituales a los cuales Dios les quiere llevar.  Pero hay cosas que se levantan en tu vida y que obstaculizan lo que Dios quiere hacer.

     Desafortunadamente, en la actualidad lo que le ofrecemos a Dios no es lo mejor, no hay excelencia en nuestro servicio a Dios; lo que más tenemos es prisa, apuro, indiferencia, apatía.  Nos atrevemos, incluso, presentarnos delante de Dios enojados, ya sea con el esposo, la esposa, el pastor, los hermanos, los hijos.  Y queremos cantarle especiales, queremos predicar, queremos ministrar a otros.

     Para que la unción del Espíritu pueda fluir, se necesita un corazón limpio.  No debemos presentarnos delante de Dios de cualquier forma; la verdad es que muchos pasan más tiempo delante del televisor, de la computadora, de Internet, de los juegos de videos, de la música, de los deportes, etc., y muy poco tiempo en la Presencia de Dios, llegamos a los cultos tarde (cuando llegamos), pero nos enojamos

 

 

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