Reconstruyendo los muros de tu vida (2)

0 ratings
· 7,597 views
Notes
Transcript

Reconstruyendo los muros de tu vida

Introducción

El pueblo de Israel: destrucción y reconstrucción

El domingo pasado hablábamos de la invitación que Dios le hacía a las personas que habían quedado en Judá y en Israel a que se arrepintieran. Que si lo hacían Dios los restauraría. Debían reconocer que habían pecado, que habían quebrantado el pacto con Dios y que esta era la razón por la que Dios los había castigado.
Joel 2:12–14 NBLA
«Aun ahora», declara el Señor, «Vuelvan a Mí de todo corazón, Con ayuno, llanto y lamento. »Rasguen su corazón y no sus vestidos». Vuelvan ahora al Señor su Dios, Porque Él es compasivo y clemente, Lento para la ira, abundante en misericordia, Y se arrepiente de infligir el mal. ¿Quién sabe si reconsidere y se apiade, Y deje tras sí bendición, Es decir, ofrenda de cereal y libación Para el Señor su Dios?
Años anteriores estas personas habían construido una nación, familias y una identidad como pueblo. Cuando salieron de Egipto eran una raza: los hebreos. Ahora eran una nación. Mucho de lo que les ayudó a forjar esa identidad como nación fue la construcción del templo, los edificios de la ciudad, el palacio real con todo su esplendor y las murallas o muros que rodeaban la ciudad. Por cierto, estos muros les daban una sensación de seguridad contra la amenaza de invasiones de las naciones vecinas.
Cuando los asirios invaden a Israel y los babilonios a Judá, destruyen este muro casi por completo y dejan la ciudad en un estado de desolación y abandono. Un hombre, Nehemías, es usado por Dios para comenzar la reconstrucción de estos muros y llevarla a cabo.
Nehemías 6:15–16 NBLA
La muralla fue terminada el veinticinco del mes de Elul, en cincuenta y dos días. Cuando se enteraron todos nuestros enemigos y lo vieron todas las naciones que estaban alrededor nuestro, decayó su ánimo; porque reconocieron que esta obra había sido hecha con la ayuda de nuestro Dios.
Esta reconstrucción física de los muros se convirtió en una reconstrucción espiritual. El pueblo se unió con este propósito, lucharon contra los enemigos en común que tenían, hubo un despertar espiritual que llevó a toda la nación a un arrepentimiento y una búsqueda de Dios como no lo había pasado antes.
En resumen, no solo el muro físico había sido restaurado, sino que el muro espiritual lo había sido también.

La vida se puede derrumbar en cualquier momento y por varias razones

Nosotros vamos construyendo una vida con cada desición que tomamos. Con cada día que pasa vamos añadiendo un ladrillo a esa vida. En muchas ocasiones no tenemos todos los materiales de construcción para construir esa vida que queremos o con la que soñamos, así que hacemos lo mejor posible con los materiales que la vida nos dio.
Pueden llegar momentos en que nos sentimos bien con lo que Dios nos ha permitido construir, pero llegan entonces las situaciones que hacen que nuestra vida se tambalee.

Razones para que caigan nuestros muros

Los muros de la nuestra vida se pueden caer por diferentes razones: la economía (como en esta pandemia si pierdes tu empleo, si tu inversión se pierde, si tus negocios tuvieron que cerrar), la salud (igual como en esta pandemia o una enfermedad que se nos descubre de repente), las relaciones (tensiones en las relaciones con tus hermanos, con tus padres o en tu matrimonio), el orgullo puede ser una causa cuando no somos capaces de perdonar o de admitir errores y, por supuesto, el pecado.
La economía
La salud
Las relaciones
El orgullo
El pecado
No siempre los muros se caen cuando hay adversidad. En muchas ocasiones resistimos, pero en algunas situaciones nos derrumbamos por ser en un momento en el que estamos vulnerables.

Para comenzar a edificar

Comenzamos mostrando la culminación de todo esto, pero hubo un proceso. Exáminemos lo que ellos hicieron para saber lo que podríamos hacer nosotros también si vamos a restaurar el muro de nuestra vida.

Reconocer los fallos

Para comenzar a edificar hay que reconocer donde se ha fallado.
Nehemías 1:4 NBLA
Cuando oí estas palabras, me senté y lloré; hice duelo algunos días, y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo.
El estuvo en una posición de introspección y de autoexamen que le mostró la causa del cautiverio y el exilio. En el caso de ellos como pueblo el pecado fue la razón. Muchas personas habrían hecho una oración de restitución, habrían pedido que Dios lo llevara de vuelta a la ciudad de Jerusalén sin preguntarse en primer lugar por qué fueron llevados en cautiverio.
Esto lo llevó a confesar el pecado personal y el pecado de su pueblo. Reconoció sus fallos y los de sus compatriotas. Para cualquier tipo de restauración este primer paso es necesario. ¿Dónde fallé?
Para algunas personas esto es más fácil que para otras. Hay personas muy orgullosas que no están dispuestas a admitir que han fallado. Con su boca hasta pueden decir expresiones como: todos fallamos, nadie es perfecto, todo el mundo comete errores, etc. Sin embargo, cuando alguien les señala una actitud o acción que es cuestionable, se ponen a la defensiva y justifican la conducta.

Pedir ayuda

Nehemías le pidió ayuda a Dios y al rey Artajerjes para reedificar los muros de Jerusalén. Se dio cuenta que él solo no podía hacer esto. Necesitaba recursos que no poseía.
Nehemías 2:4–5 NBLA
Entonces el rey me dijo: «¿Qué es lo que pides?». Así que oré al Dios del cielo, y respondí al rey: «Si le place al rey, y si su siervo ha hallado gracia delante de usted, envíeme a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique».
El orgullo no solo nos impide reconocer que hemos fallado, sino también que necesitamos ayuda en ciertos aspectos de nuestra vida. Podemos tener las intenciones y la decisión, pero hay situaciones que en un momento dado sobrepasan nuestra capacidad. Dios provee personas a nuestro alrededor que han pasado por situaciones similiares o tienen la sabiduría y el discernimiento espiritual para ayudarnos.
En ocasiones necesitarás ayuda profesional. No hay nada de malo con hacer esto. En otras ocasiones sólo necesitarás abrirte con alguien de confianza y te pueden mostrar una perspectiva del asunto que, por alguna razón, no podías ver.
En todo caso, tienes que preguntarte si la persona de quien buscas ayuda es alguien temeroso de Dios. En segundo lugar debes preguntarte si esa persona es discreta.

Pedir que Dios obre

Nehemías se dio cuenta que Dios estaba dándole gracia porque se le estaban abriendo las puertas. También se dio cuenta que no era por causa de él, sino que era obra de Dios.
Nehemías 2:8 NBLA
y una carta para Asaf, guarda del bosque del rey, a fin de que me dé madera para hacer las vigas de las puertas de la fortaleza que está junto al templo, para la muralla de la ciudad y para la casa a la cual iré». Y el rey me lo concedió, porque la mano bondadosa de mi Dios estaba sobre mí.
Tenemos que aprender a luchar con las armas espirituales. La oración y el ayuno son armas que Dios nos ha dado para que ya no luchemos con nuestros medios. Es decir, quizás sabemos donde hemos fallado y estamos dispuestos a cambiar, pero usamos las armas o medios que siempre hemos usado. Por algo estamos en esta situación. Esos medios no funcionaron porque no estábamos dependiendo de la gracia de Dios.
Queremos que una relación mejore, pero lo hacemos tratando de cambiar a la otra persona. Queremos asumir el papel del Espíritu Santo cuando queremos moldear al otro de acuerdo a la visión que a nosotros nos place. Es irónico, nos molestamos cuando alguien quiere manejarnos y decirnos cómo debemos vivir, pero no cesamos de tratar de cambiar a las personas con quienes vivimos. No las aceptamos como son. Creemos
Si tratamos de reedificar algo en nuestra vida sin la gracia de Dios llegará el momento en que no podremos seguir. No acabaremos la obra. ¿Por qué? Porque no es con nuestras fuerzas, es con las de Dios.

Conclusión

Cuando éramos niños e íbamos a la playa una de las cosas que más disfrutábamos era constuir castillos de arena. Algo que con mucha frecuencia pasaba era que el agua iba subiendo y llegaba a lo que habíamos construido. En otras ocasiones era alguien totalmente despistado que iba caminando por la orilla y pisaba eso que habíamos hecho. En otras ocasiones era alguien que por diversión lo derribaba. En todos los casos sentíamos frustración porque habíamos dedicado mucho tiempo y energía a algo que había sido derribado. A veces uno comenzaba otra vez a construirlo y otras veces lo dejaba así.
Sin embargo, Dios no quiere que dejes los muros de tu vida derribados. Dios no quiere que aceptes una vida de derrota y de insastisfacción. Ese no es el plan de Dios para ninguno de sus hijos. Por lo tanto, no aceptes en tu corazón algo así.
Tienes que comenzar a dar pasos en ese sentido, en el sentido de la restauración y la edificación de los muros de tu vida.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.