HAZ OBRA DE EVANGELISTA
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Reina Valera Revisada (1960) Capítulo 4
19Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres.
INTRODUCCIÓN:
INTRODUCCIÓN:
Lo que Cristo nos hará.- Cuando nos llama por su gracia, no sólo debiéramos recordar lo que somos, sino también pensar en lo que El puede hacer que seamos. El dice: “Venid en pos de mí, y os haré”. Debemos arrepentirnos de lo que hemos sido, pero gozarnos en lo que podemos ser. No dice: “Venid en pos de mí, porque podéis haceros importantes”; sino que nos dice: “Venid en pos de mí, a causa de lo que yo os haré”. Ciertamente, bien podría yo decir de cada uno de nosotros desde el momento en que nos convertimos: “Aún no se ha manifestado lo que hemos de ser”.
No parecía nada probable que unos humildes pescadores llegaran a convertirse en apóstoles; que unos hombres tan diestros con la red, llegaran a serlo también en la predicación de los sermones y en la instrucción de los convertidos. Alguno podía haber dicho: ¿Cómo puede hacerse ésto? No se puede hacer fundadores de iglesias de simples campesinos de Galilea”. Más esto fue exactamente lo que hizo Cristo; y cuando nosotros somos humillados en presencia de dios por el sentimiento de nuestra indignidad, debemos sentirnos animados a seguir a Jesús por lo que El puede hacer de nosotros. ¿Qué dijo la mujer afligida de espíritu cuando elevó su cántico? “El levanta del polvo al pobre y del muladar exalta al menesteroso para hacerle sentar con príncipes”. No podemos decir lo que Dios hará de nosotros en la nueva creación, al igual que hubiera sido imposible predecir lo que hizo del caos en la antigua creación.
¿Quién podría haberse imaginado toda la belleza que surgió de la oscuridad y del desorden al mandato de “Sea la luz”? ¿Y quién podrá decir cuán sublimes manifestaciones de todo cuanto es divinamente hermoso pueden aparecer en la vida del hombre que antaño fuera oscura, cuando la gracia de Dios le haya dicho: “Sea la luz”? ¡Oh, ustedes que actualmente no ven en sí mismos nada deseable, vengan y sigan a Cristo por lo que él puede hacer de ustedes! ¿No oyen su dulce voz, llamándoles y diciéndoles: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres?
El pez se vuelve pescador. Observen a continuación, que cuando somos recién pescado y quedamos en la red, no somos transformados en todo lo que más tarde habremos de ser, ni en todo lo que debiéramos desear ser. Esto es lo que la gracia de Dios hace al principio por nosotros; pero ahí no termina la cosa. Somos como peces y al igual que ellos viven sumidos en el agua, nosotros hacemos del pecado nuestro elemento. Pero viene nuestro buen Señor y nos libra de la vida de pecado y del amor a todo lo pecaminoso tomándonos con la red del evangelio. Sin embargo, no ha hecho todo cuanto puede hacer por nosotros, ni cuanto nosotros desearíamos que hiciera, es un milagro mayor y más elevado hacernos pescadores a quienes éramos peces, es decir transformar a los salvados en salvadores, a los convertidos en convertidores, a los que reciben el evangelio en dadores de ello a otros.
Creo que debo decirles a todos cuantos escuchan mis palabras, que si ya han sido salvados, la obra está hecha sólo a medias en ustedes, hasta que sean utilizados en traer a otros a Cristo. Solamente están formados a medias a imagen de su Señor. No han alcanzado el pleno desarrollo de la vida de Cristo en ustedes hasta no haber comenzado siquiera débilmente a hablar a los demás de la gracia de Dios; y confío en que no hallarán descanso hasta que hayan sido los medios de conducir a muchos al bendito Salvador en quien radica su única confianza y esperanza. Su Palabra nos quiere decir: “Venid en pos de mí, no solamente para ser salvos, ni únicamente para que seáis santificados, sino: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres!. Sigan a Cristo con esta intención y propósito, y tengan presente que no lo están siguiendo en toda perfección a no ser que El les utilice de algún modo para ser pescadores de hombres.
El hecho es que cada uno de nosotros debe dedicarse a la actividad de cazar hombres. Si Cristo nos ha cazado a nosotros, es necesario que nosotros cacemos a otros para El. si hemos sido asidos por El, habremos de ser ahora sus policías para capturar a otros rebeldes en Su nombre. Roguémosle que nos de gracia para salir a pescar, y para que de tal forma echemos las redes que encerremos gran cantidad de peces. ¡Oh, que el Espíritu Santo levante de entre nosotros grandes pescadores, cuyas barcas naveguen por muchos mares, y encierren grandes multitudes de peces!.
Todos deben trabajar. Mi enseñanza será muy sencilla, más espero que será eminentemente práctica; pues es mi deseo que ninguno de ustedes que aman al Señor queden atrasados en Su servicio. ¿Qué dice el Cantar de los Cantares de Salomón, referente a ciertas ovejas que subían del lavadero? Dice: “Todas las crías gemelas, y estéril no hay entre ellas”. ¡Que así sea con todos los miembros de cada Iglesia! La realidad es que el día es muy oscuro. El cielo se oscurece, cargándose de amenazadoras nubes tormentosas. Poco se imaginan los hombres cuantas tempestades asolarán muy pronto esta ciudad, y toda la estructura social de esta tierra, hasta el extremo de llegar a un desmoronamiento general de la sociedad. La noche puede volverse tan oscura que las estrellas parezcan caer como frutos marchitos del árbol. Los tiempos son malos; ahora, como nunca, es necesario que cada luciérnaga resplandezca. Deben sacar su pequeña lámpara de debajo del almud y colocarla sobre el candelero. El trabajo requiere a todos.
He aquí primero algo que han de hacer todos los creyentes en Cristo, para ser útiles: “Venid en pos de mí”. Entonces en segundo lugar, nos hallamos ante algo que ha de realizar su gran Señor y Maestro: “Venid en pos de mí, y yo os haré pescadores de hombres”. Ustedes no podrán por sí mismos convertirse en pescadores, sino que esto es lo que Jesús hará por ustedes, sólo con que lo sigan. Y por último, hallamos en nuestro texto una magnífica ilustración, según la costumbre de nuestro gran Maestro; ya que casi nunca hablaba a las gentes sin parábolas. Así, nos ofrece una ilustración de lo que todos los cristianos debieran ser; pescadores de hombres. Sacaremos de aquí algunas lecciones útiles, las cuales ruego al Espíritu Santo que bendiga en nosotros. Daré por sentado que cada creyente de los que aquí se encuentran desea ser útil.
1.- LO QUE TU DEBES HACER.
1.- LO QUE TU DEBES HACER.
“Venid en pos de mí, y yo os haré pescadores de hombres”.
Seguir a Cristo, ¿cuál es la forma de convertirse en predicador eficiente? Alguien dirá: “Yendo al seminario”, Cristo dice: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. ¿Cómo puede una persona llegar a ser útil? Asistiendo a cursos de entrenamiento, dirán. En efecto, más hay una respuesta más segura que esa; yendo en pos de Jesús; El les hará pescadores de hombres. La gran escuela práctica para los obreros cristianos tiene a Cristo por Director, no solamente como Profesor sino como Adalid: no sólo hemos de aprender de El en los estudios, sino que hemos de seguirle en la práctica. “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. La orden es bien clara y tajante, y yo creo que es exclusiva; de manera que nadie puede llegar a ser pescador por ningún otro procedimiento. Muy sencillo parece ser este procedimiento; pero es con toda certeza de máxima eficacia. El Señor Jesucristo, conocedor de todo lo concerniente a la pesca de los hombres, fue el que puso la norma: “Vengan en pos de mí, si quieren ser pescadores de hombres. Sigan mis pasos si desean ser útiles”.
Consagrarse a Cristo. Yo entiendo el seguir a Cristo en el sentido de ser escogido para Cristo. Estos hombres debían de dejar sus ocupaciones; tenían que dejar a sus amigos; de hecho, tenían que abandonar el mundo, para que, en el nombre de su Maestro, hacer de la pesca de hombres su única actividad. Nosotros hoy no somos llamados a abandonar nuestras ocupaciones cotidianas, o dejar nuestras familias. Eso sería más bien huir de la pesca que trabajar en ella en el nombre de Dios. Pero sí, hemos sido llamados claramente a salir de entre la impiedad y a ser escogidos, para no tocar lo inmundo. No podemos ser pescadores de hombres permaneciendo entre ellos en su mismo elemento. El pez no puede pescar. El pecador no podrá salvar al pecador. El impío no convertirá al impío, y, lo que viene al grano, el cristiano mundano no podrá convertir al mundo. Si son del mundo, no hay duda que el mundo amará a los suyos, pero no podrán salvar al mundo. Si son oscuridad, y pertenecen al reino de las tinieblas, no podrán despejarlas. Si marchan con los ejércitos del Maligno, no podrán derrotarlos.
Creo que una de las razones por las cuales la Iglesia de Dios tiene actualmente tan poca influencia en el mundo es por la gran influencia que el mundo ejerce sobre ella. Hoy día, oímos a los cristianos que pueden hacer esto o aquello -cosas por las que sus antepasados los puritanos preferirían haber muerto en la estaca antes que tolerarlas. Demandan que puedan vivir como las personas mundanas, y mi triste respuesta a sus suspiros por semejante libertad es: “Hagánlo así, si se atreven. A ustedes puede que no les haga mucho daño, puesto que la maldad ya mora en ustedes en demasía. Sus deseos muestran cuan corrompidos están sus corazones. Si sienten ese apetito por la comida de los perros ¡adelante, perros, coman su basura! Las diversiones mundanas son alimento apropiado para simples fingidores e hipócritas. Si fueran hijos de Dios, aborrecerían hasta la mera idea de los goces malsanos del mundo, y su pregunto no sería: ¿Hasta qué punto podemos ser como el mundo? ¿A qué distancia podemos alejarnos de él? En tiempos tales como los que vivimos, su tentación debiera ser la de ser demasiado severos, y ultrapuritanos en su separación del pecado, y no la de preguntar: ¿cómo podré hacerme como los demás hombres y actuar como ellos?
Hermanos, la utilidad de la Iglesia en el mundo es que sea como sal en medio de la putrefacción; y si la sal se desvanece, ¿de qué servirá? si la sal se pudre a su vez, no hará más que aumentar y elevar la corrupción general. El peor día que jamás ha conocido el mundo fue aquél en que los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres. Fue entonces cuando vino el Diluvio; porque el único muro de contención de este mundo contra un diluvio de venganza es la separación del santo y del pecador. Su deber como cristianos consiste en permanecer en sus puestos y resistir por Dios, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne y tomando la resolución, como uno hiciera antaño, de dejar a los demás hacer cuanto les venga en gana, más por lo que respecta a ustedes y a su casa, de servir a Dios.
Vengan ustedes, hijos de Dios, pues deben permanecer con su Señor fuera del campamento. Jesús les llama hoy, y les dice: “Venid en pos de mí”. ¿Hallaban a Jesús en el Cine? ¿Frecuentaba los deportes del estadio? ¿Creen ustedes que a Jesús se le veía en algunas de las diversiones de la corte herodiana? Por supuesto que no. El era “santo, inocente, sin mancha, y apartado de los pecadores”. En cierto modo, nadie se ha mezclado tan completamente con los pecadores como El, cuando, como médico, iba entre ellos sanando a Sus pacientes; pero, en otro aspecto, había un abismo entre los hombres del mundo y el Salvador, el cual Cristo nunca intentó cruzar como tampoco los hombres podían atrevesarlo para profanar a Jesús. La primera lección que la Iglesia debe aprender es la siguiente: Vayan en pos de Jesús en su condición de escogidos, y El les hará pescadores de hombres. A menos que tomen su cruz, y protesten contra un mundo impío, no pueden esperar que el santo Jesús les haga pescadores de hombres.
Morar con Cristo. Otro significado que vemos claramente en nuestro texto es el siguiente: Moren con Cristo, y serán hechos pescadores de hombres. Estos discípulos llamados por Cristo, iban a vivir con El. Iban a permanecer junto a El cada día. Iban a oírle enseñar públicamente el evangelio eterno, y además iban a recibir explicaciones en privado de cuanto El predicaba. Iban a ver sus milagros y escuchar sus oraciones, y todavía mejor iban a permanecer con El, y a estar unidos con El en su santa tarea. Les fue dado sentarse con El a la mesa, y aún que el les lavara sus pies. Muchos de ellos dieron cumplimiento a las palabras: “Donde quiera que vivieres, viviré”; pues estuvieron con El en sus aflicciones y persecuciones. Ellos fueron testigos de sus agonías secretas, y vivieron sus muchas lágrimas; observaron la pasión y la compasión de su alma, y de esta forma, según su capacidad, se posesionaron de Su espíritu, aprendiendo así a ser pescadores de hombres.
El arte de ganar almas hemos de aprenderlo a los pies de Jesús; vivir con Cristo es la mejor educación para ser útiles. Para cualquier hombre, es una gran bendición el estar junto a un ministro cristiano cuyo corazón arda en llamas. El mejor entretenimiento para un joven es aquel que los pastores valdenses solían dar, un anciano tomaba a un joven consigo, quien iba con él cada vez que subía a la montaña para predicar, y vivía en su misma casa, y observaba sus oraciones, y contemplaba su piedad cotidiana. Buen curso de preparación era este, ¿Verdad? con Todo, no puede compararse con el de los apóstoles que vivieron con el mismo Jesús, y fueron sus compañeros de cada día. Sin par fue el entrenamiento de los doce. No es de extrañar que más tarde se convirtieran en quienes fueron, con semejante profesor celestial que los saturara de Su propio espíritu.
