La tumba vacía

Sermon  •  Submitted
0 ratings
· 1,075 views
Notes
Transcript

La tumba vacía

Marcos 16:1–8 NBLA
1 Pasado el día de reposo, María Magdalena, María, la madre de Jacobo, y Salomé, compraron especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo de Jesús. 2 Muy de mañana, el primer día de la semana, llegaron* al sepulcro cuando el sol ya había salido. 3 Y se decían unas a otras: «¿Quién nos removerá la piedra de la entrada del sepulcro?» 4 Cuando levantaron los ojos, vieron que la piedra, aunque era sumamente grande, había sido removida. 5 Entrando en el sepulcro, vieron* a un joven sentado al lado derecho, vestido con ropaje blanco; y ellas se asustaron. 6 Pero él les dijo*: «No se asusten; ustedes buscan a Jesús el Nazareno, el que fue crucificado. Ha resucitado, no está aquí; miren el lugar donde lo pusieron. 7 »Pero vayan, digan a Sus discípulos y a Pedro: “Él va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán, tal como les dijo”». 8 Y saliendo ellas, huyeron del sepulcro, porque un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas; y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo.
Se termino la semana santa, ya podemos volver a nuestras vidas llenas de pecado, o incluso esta semana es donde muchos cristianos se dan ciertas licencias en su vida son permisivos en unas cosillas por aquí otras por allá.
Mis hermanos no estamos llamados a celebrar la semana santa nada mas, es toda una vida santa. Una vida que este agradecida con Dios en todo momento, no se trata de recordar unos días es de tener presente toda nuestra vida.
Esta mañana lo invito a ver este cuadro, la tumba esta vacía Nuesto Señor y Salvador ha resucitado,
Marcos 16:6 NBLA
6 Pero él les dijo*: «No se asusten; ustedes buscan a Jesús el Nazareno, el que fue crucificado. Ha resucitado, no está aquí; miren el lugar donde lo pusieron.
Les dijo el ángel a las mujeres, Ellas escuchan así el anuncio más glorioso y extraordinario alguna vez proclamado en la historia humana: ¡El Señor resucitó! Ese es el mensaje que lo cambia todo.
Nadie robó Su cuerpo, ellas tampoco se equivocaron de tumba, como algunos han dicho para refutar la resurrección. No. Jesús se levantó de la muerte con el poder de Dios, tal como prometió.
No había razón, entonces, para estar asustadas, sino llenas de gozo y esperanza, porque el Señor resucitó y tenían la encomienda de hacérselo saber a Sus discípulos:
Marcos 16:7 NBLA
7 »Pero vayan, digan a Sus discípulos y a Pedro: “Él va delante de ustedes a Galilea; allí lo verán, tal como les dijo”».
Me encanta ese detalle: «a Sus discípulos y a Pedro». ¿Por qué a Pedro? El Señor quiere hacerle saber al impetuoso de Pedro que sus días de utilidad en el reino no concluyeron cuando lo negó vergonzosamente durante la noche del arresto, porque Él es un Dios de segundas oportunidades.
Los discípulos deben ir a Galilea para encontrarse con Jesús allí. En el mismo lugar donde Cristo los llamó para que le siguieran, y donde ahora los comisionaría a llevar la noticia de Su muerte y resurrección hasta lo último de la tierra.
Sin embargo, quedaría registrado en la historia que las primeras personas en anunciar esta buena noticia no serían los apóstoles, sino este grupo de mujeres piadosas dispuestas a servir a Su Señor cuando no era popular hacerlo, movidas por un amor absolutamente incondicional. No obstante, todavía nos queda algo más por observar en el relato.
Marcos 16:8 NBLA
8 Y saliendo ellas, huyeron del sepulcro, porque un gran temblor y espanto se había apoderado de ellas; y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo.
Mateo nos cuenta en el pasaje paralelo que
Mateo 28:8 NBLA
8 Y ellas, alejándose a toda prisa del sepulcro con temor y gran gozo, corrieron a dar las noticias a los discípulos.
Espanto, temblor, gozo, miedo, esperanza, asombro. Todo eso sucedía al mismo tiempo en la vida emocional de estas mujeres. Esto era demasiado glorioso como para poder asimilarlo de una sola vez.
El viernes en la tarde pensaban que todo había terminado, que la maldad se salió con la suya, cuando el Señor y Maestro fue condenado a morir en una cruz. Pero ahora entienden que aquello no fue el final, sino el principio.
Que lo que parecía una derrota, en realidad fue la victoria más grande de Dios sobre las huestes del mal. ¡Cristo resucitó y eso lo cambia todo! Estas mujeres huyeron del sepulcro, pero con un mensaje extraordinario que comunicar a los discípulos.
Cuando Marcos dice que no dijeron nada a nadie, se refiere a que no fueron por ahí a contarle a todo el mundo que el Señor había resucitado. Pero sabemos por el resto de los evangelios que sí comunicaron la noticia a los apóstoles como el ángel les ordenó
Lucas 24:8–9 NBLA
8 Entonces ellas se acordaron de Sus palabras, 9 y regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los once apóstoles y a todos los demás.
La resurrección de nuestro Señor Jesucristo no es una leyenda mitológica, sino el acontecimiento más grande que alguna vez haya ocurrido en la historia de la humanidad, y en el cual debemos depositar nuestra fe si queremos ser salvos.
Cristo fue «entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación» (Ro 4:25). Es por la resurrección de Cristo que sabemos con toda certeza que el Padre aceptó Su sacrificio sustitutivo en la cruz, de modo que ya no tenemos cuentas pendientes en Su tribunal.
Pero para llegar a este punto de celebración debemos voltear a ver dos días atras en la historia, que paso el viernes para ser especifico.

La agonía en la cruz

Marcos 15:33–41 NBLA
33 Cuando llegó la hora sexta, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora novena. 34 Y a la hora novena Jesús exclamó con fuerte voz: «Eloi, Eloi, ¿lema sabactani?», que traducido significa, «Dios Mío, Dios Mío, ¿por qué me has abandonado?». 35 Algunos de los que estaban allí, al oírlo, decían: «Miren, está llamando a Elías» 36 Entonces uno corrió y empapó una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, dio a Jesús a beber, diciendo: «Dejen, veamos si Elías lo viene a bajar» 37 Pero Jesús, dando un fuerte grito, expiró. 38 Y el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. 39 Viendo el centurión que estaba frente a Él, la manera en que expiró, dijo: «En verdad este hombre era Hijo de Dios» 40 Había también unas mujeres mirando de lejos, entre las que estaban María Magdalena, María, la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, 41 las cuales cuando Jesús estaba en Galilea, lo seguían y le servían; y había muchas otras que habían subido con Él a Jerusalén.
Jesús tuvo que soportar no solo la farsa de un juicio injusto, sino una avalancha de odio y crueldad volcada en Su contra, tanto de parte de los líderes religiosos de Israel, como de parte de los soldados romanos.
Fue ridiculizado, azotado, escupido, coronado de espinas, golpeado sin misericordia con una caña en la cabeza y finalmente condenado a morir en una cruz.
Esto a pesar de que el procurador que lo juzgó reiteró en más de una ocasión que no encontró ningún delito en Él.
La pregunta que algunos pudieran hacerse al leer esto es: ¿Por qué Dios no vino a Su defensa cuando todo esto sucedió? ¿Por qué Dios no destruyó en un instante a todos esos blasfemos que se ensañaron con tanta crueldad contra Su Hijo? ¿Dónde estaba Dios?
La respuesta es que Dios estuvo todo el tiempo allí junto a Jesús en el calvario, pero no para defenderlo, ni para fulminar a los blasfemos, sino para juzgar en Él nuestros pecados. Debemos contemplar la cruz a través de las palabras de Pablo
2 Corintios 5:19 NBLA
19 es decir, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo con Él mismo, no tomando en cuenta a los hombres sus transgresiones, y nos ha encomendado a nosotros la palabra de la reconciliación.
El Padre estaba allí, obrando activamente nuestra reconciliación a través de la muerte de Su Hijo.
Cristo estaba allí como nuestro sustituto, recibiendo todo el peso de la justa ira de Dios que merecían nuestros pecados para que pudiéramos ser absueltos en el tribunal de Dios.
Es por eso que Juan el Bautista se refiere al Señor como «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1:29).
Cristo fue a la cruz para ser sacrificado como un Cordero. Él fue hecho pecado por nosotros (2 Co 5:21). «Él mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz» (1 P 2:24).
Esa es la esencia del evangelio: «que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras» (1 Co 15:3).
Dios anunció esto con cientos de años de anticipación, para no dejar ninguna duda sobre la identidad mesiánica de Jesús.
Considera lo que algunos han llamado el «Evangelio según Isaías», en Isaías 53, escrito setecientos años antes del nacimiento de Cristo.
No solo describe con detalle la agonía del calvario, sino que también nos ofrece la mejor exégesis en las Escrituras de lo que realmente sucedió en esa cruz.
Él «fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades… Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el SEÑOR hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros» (vv. 5-6). No fue por Sus iniquidades que Jesús fue a la cruz, porque no tenía ninguna. Él era inocente, pero aún así Dios quiso «quebrantarlo, sometiéndolo a padecimiento… Por Su conocimiento, el Justo, Mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos» (v. 10-11). Él era un Siervo justo, pero aún así tenía que ser quebrantado y sometido a padecimientos para poder justificar a muchos cargando con sus pecados (v. 12).
Eso fue lo que sucedió este viernes en la tarde, cuando la tierra se cubrió de oscuridad. El Cordero de Dios fue inmolado en el altar de la cruz; sufrió en esas tres horas el infierno eterno de todos aquellos que habrían de ser salvos a través de la historia.
Cristo, nuestra pascua, fue sacrificado por nosotros (1 Co 5:7). Dios no estaba ausente del Calvario. Él estaba allí como el Juez del universo, juzgando y castigando nuestros pecados en la cruz.
Al mismo tiempo, daba una muestra de amor incomprensible hacia todos aquellos que Él eligió para salvación desde antes de la fundación del mundo.
Nuestro Señor y Salvador bebió la copa de la ira santa y justa de Dios, sin una gota de misericordia, para que los creyentes podamos disfrutar de la copa de la salvación, sin una gota de ira. Él sufrió el desamparo del Padre para que podamos disfrutar hoy la bendición de ser recibidos y adoptados en la familia de la fe.

La ofrenda voluntaria de expiación

Ya el Señor había cumplido la obra que el Padre le encomendó al dar Su vida en rescate por muchos. Así que «Jesús, dando un fuerte grito, expiró» (v. 37).
Marcos no dice qué expresó el Señor en ese grito, pero los evangelios de Juan y Lucas nos ayudan a completar el cuadro.
Juan cuenta que Jesús dijo: «“¡Consumado es!” E inclinando la cabeza, entregó el espíritu» (Jn 19:30).
Lucas añade que, en ese momento, «clamando a gran voz, dijo: “Padre, EN TUS MANOS ENCOMIENDO MI ESPÍRITU”. Habiendo dicho esto, expiró» (Lc 23:46).
Fue con la conciencia de que la obra de redención había sido terminada, que el Señor Jesucristo entregó el espíritu, confiando en el cuidado de Su Padre celestial. Cristo no solo fue a la cruz voluntariamente, sino que entregó Su vida voluntariamente cuando todo se cumplió.
Jesús había dicho que Él es el buen pastor que da Su vida por sus ovejas (Jn 10:11). «Por eso el Padre me ama, porque Yo doy Mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita sino que Yo la doy de Mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla, y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Este mandamiento recibí de Mi Padre» (v. 17-18).
Por eso los evangelistas insisten en que Jesús dijo en la cruz las cosas que dijo en ese momento, clamando a gran voz. Fue así que el Señor clamó de angustia: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Fue con un grito que dijo: «¡Consumado es!».
Y fue clamando a gran voz que dijo al final: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Si había algo que toda la gente de aquel tiempo sabía, era que un crucificado apenas podía susurrar debido a las dificultades respiratorias producidas por la muerte por crucifixión.
Pero Jesús clamó con una voz potente, para que todos vieran que al expirar todavía tenía vigor suficiente como para seguir viviendo varias horas más. Cristo entregó Su vida en la cruz como nuestro sustituto y así abrió para nosotros una vía de acceso a la presencia misma de Dios.
Estos eventos no llevan a preguntas tan obvias que deben ser contestadas:

El propósito de Dios al enviar a Cristo a morir

Cristo mismo nos dijo porqué vino al mundo.
Lucas 19:10 NBLA
10 porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido».
Marcos 10:45 NBLA
45 »Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos».
El apóstol Pablo declaró claramente el porqué Cristo vino al mundo:
Gálatas 1:4 NBLA
4 que Él mismo se dio por nuestros pecados para librarnos de este presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre,
1 Timoteo 1:15 NBLA
15 Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero.
Tito 2:14 NBLA
14 El se dio por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para Sí un pueblo para posesión Suya, celoso de buenas obras.
De estas declaraciones queda claro que el propósito de la muerte de Cristo fue:
Para salvar un pueblo de sus pecados.
Para librar un pueblo de este presente siglo malo.
Para purificar y hacer santo a un pueblo.
Para crear a un pueblo celoso de buenas obras.
Ok ahora volvamos al dia de hoy, esta celebración de la resurrección:
Pero es también por la resurrección de Jesús que podemos saber con toda certeza que algún día nuestro cuerpo en estado de humillación será transformado conforme al cuerpo de la gloria Suya, para deleitarnos en Su presencia por los siglos de los siglos (Fil 3:21).
1 Corintios 15:19 NBLA
19 Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima.
Por lo tanto, regocíjate si eres creyente, porque el Señor resucitó. La esperanza que tenemos en nuestro Señor traspasará el umbral de la muerte, porque la tumba no pudo retenerlo a Él y tampoco podrá retener a todos aquellos que estamos unidos a Él por la fe.
En el mundo tendremos aflicción, dice el Señor (Jn 16:33). Pero sabemos también que «los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada» porque Jesús resucitó (Ro 8:18).
Mientras tanto, proclamemos sin cansancio este glorioso evangelio, a tiempo y fuera de tiempo, no solo porque es una noticia digna de ser contada, sino también porque es urgente: «En ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos» (Hch 4:12).
¡Que el Señor bendiga abundantemente Su Palabra hoy, tanto en creyentes como en incrédulos, trayendo consuelo, ánimo, corrección y salvación!
hoy es un buen dia para venir a Cristo, rendir por completo nuestra vida a Dios, nuestro salvador!!
Romanos 10:9–10 NBLA
9 que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación.
Related Media
See more
Related Sermons
See more
Earn an accredited degree from Redemption Seminary with Logos.