El triunfo de los desocupados
Ruta 27, mensaje 2 • Sermon • Submitted
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· 45 viewsEvitar la embriaguez de ocupaciones en un mundo ajetreado
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Quiero que mi hijo aprenda a ser perezoso
Quiero que mi hijo aprenda a ser perezoso
Me encontré con esta nota en un diario internacional. Obvio que lo iba a leer. Les comparto algunas ideas sobresalientes del escritor, el rabino Elliot Kukla:
“Abba, tengo una idea”, dijo mi hijo de tres años. “Ponte la pijama y tu antifaz grandote, apaga la luz y acuéstate en la cama”.
“Qué buena idea”, respondo, con sinceridad. Me pongo el antifaz para la apnea del sueño, me pongo una pijama vieja de algodón suave y me meto con mi hijo bajo el acolchado edredón blanco.
En cuestión de segundos, el suave silbido de mi respirador lo arrulla. Conoce bien la imagen y el sonido de mi cuerpo dormido; padezco lupus, una enfermedad autoinmune que provoca fatiga crónica. En un buen día, puedo arreglármelas con unas 10 horas de sueño. Cuando mi enfermedad empeora, a veces durante semanas, necesito dormir gran parte del día y de la noche.
Me ve tomar una siesta todos los días y quiere hacer lo mismo. Construimos nidos elaborados y miramos juntos por la ventana, apoyados suntuosamente en enormes montones de almohadas.
La mayoría de los niños de 3 años que conozco se resisten a acostarse por la noche, pero nosotros nos acurrucamos bajo las mantas en las frías tardes de invierno, suspirando con un placer sincronizado.
Algunas personas de mediana edad se quejan de la pereza de los jóvenes de la actualidad, pero como un padre de la Generación X, enfermo crónico, y como rabino que ha pasado gran parte de su carrera profesional atendiendo a los moribundos a medida que su vida se ralentiza de manera natural, animo a los jóvenes en esta Gran Renuncia.
He visto los límites de la rutina. Quiero que mi hijo aprenda a ser perezoso.
Durante décadas, temí que me etiquetaran de “perezoso” debido a mi fatiga crónica. Me esforcé más allá de mis límites físicos, hasta enfermar de gravedad, para demostrar mi valor.
Aunque miremos con esperanza hacia un futuro pospandémico, seguiremos viviendo en un planeta frágil y en proceso de calentamiento, con alteraciones climáticas cada vez más graves. Es urgente que encontremos la manera de trabajar menos, viajar menos y quemar menos combustible, a la vez que nos conectamos y cuidamos más unos de otros.
En otras palabras, es fundamental que dejemos de estigmatizar la pereza si queremos que nuestra especie tenga un futuro. El mundo está en llamas; el descanso ayudará a apagarlas.
Enfermos de afán
Enfermos de afán
Jesús le habla a sus discípulos acerca del afán y les dice estas palabras:
22 Luego dijo Jesús a sus discípulos: —Por eso les digo: No se preocupen por su vida, qué comerán; ni por su cuerpo, con qué se vestirán. 23 La vida tiene más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa.
Esto no significa que la comida o la ropa no sean importantes. Ni dejar de comer ni andar desnudos son opciones para nosotros. Lo que Jesús explica es que estamos enfermos de afán. ¿Cuáles son los síntomas del afán?
El afán es un desenfoque: de lo esencial a lo trivial. Sacrificamos lo verdaderamente importante como la familia, la relación con Dios y el disfrute de la vida para obtener cosas no esenciales como posición, prestigio y comodidad.
El afán es insaciable: por mucho que hagas nunca estarás satisfecho. Deja de importar el comer y comienza a importar lo que comes. Deja de importar vestir y empieza a importar lo que vistes.
El afán se autojustifica: excusamos nuestras preocupaciones. Nos molestamos y hasta defendemos nuestros compromisos cuando alguien nos trata de hacer entender que estamos descuidando cosas importantes.
Tenemos inhibidos los sentidos
Tenemos inhibidos los sentidos
Somos capaces de ver todo de incapaces de observar algo.
Podemos oír de todo pero no podemos escuchar a alguien.
Sabemos tener sexo pero no sabemos disfrutar la intimidad.
Hablamos, pero no nos comunicamos.
Hacemos, pero no pensamos.
Nos movemos, pero no llegamos a ningún lado.
Comemos, pero no disfrutamos.
Estamos sin estar. Nos saludamos sin conocernos. Interactuamos sin conectarnos.
No sabemos sostener una conversación, no nos atrevemos a abrir el corazón. Ya no queremos ni sentir, ni amar, ni vivir. Hoy solo importa el hacer, aunque no lleve a ninguna parte y aunque hacer nos obligue a no ser, con tal de tener, seguimos haciendo.
El ajetreo de esta vida nos inhibe, nos hace vivir sin sentir aunque anhelamos volver a sentir. Gastamos todo lo que tenemos en experiencias sensoriales porque ya no podemos, de manera natural (y gratuita) sentir…el aire, el calor, la vida.
Aquello que sentíamos sin haberlo aprendido, tan solo disfrutándolo…como la risa de un niño, como el olor del café matutino, como una caricia suave, o un beso tierno, como un abrazo honesto o una mirada dulce, como un atardecer profundo o una brisa fresca. No sabemos ni llorar en el hombro de un amigo ni reír hasta que se nos salgan las lágrimas. Olvidamos cómo se siente cocinar por placer y comer sin remordimientos.
Necesitamos despertar de este letargo llamado “ocupaciones” que viene disfrazado de éxito pero que al final se roba nuestra alma y nos arranca la capacidad de sentir, nos quita las ganas de vivir.
La cura para el afán:
La cura para el afán:
28 »Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.
La cura para el afán no es el descanso, porque todas las personas trabajan todo el año para tomar sus días de vacaciones y cuando llegamos a la casa nos sentimos más cansados de como nos fuimos.
La cura para el afán es ir a Jesús, porque el único que puede darte el descanso verdadero es Él.
Nos vendieron media verdad
Nos vendieron media verdad
Descansar menos y trabajar más son sinónimo de mayor productividad. Eso es verdad, pero es solo una parte de la verdad.
En los últimos años los promotores del emprendimiento nos han vendido la idea del sacrificio y el trabajo sin descanso como sinónimo de éxito.
Sí, la verdad es que para lograr muchas cosas hay que esforzarse pero hay que recordar lo siguiente: esa es solo parte de la verdad.
Pero ese no es un mal de la nueva generación, por años hemos construido la idea del esfuerzo, el trabajo duro, el sacrificio por obtener un mejor salario o una mayor estabilidad financiera.
El problema no está en el trabajo duro ni en el esfuerzo sino en el motivo por el que lo hacemos y lo que creemos que eso significa.
Vivimos en un mundo enfermo. No estaba enfermo, lo enfermamos nosotros con nuestro ritmo descontrolado. En nuestro mundo, detenerse está mal.
Tal vez debamos aprender a ser un poquito perezosos. No del tipo de perezoso que se cruza de brazos de por vida sino del que hace espacio para la pereza dándole valor a su vida. Desacelerando.
La verdad es que descansar más nos hace más productivos.
La verdad es que descansar más nos hace más productivos.
Hablando del sueño, varios estudios han confirmado que...
Dormir mejora la productividad porque favorece la concentración.
Dormir bien ayuda a regular las hormonas responsables del apetito, esto podría interferir con la capacidad del cuerpo para regular la ingesta de alimentos.
Durante el sueño y descanso el sueño recupera la energía provocando que rindamos mejor durante el ejercicio físico, favoreciendo la coordinación, velocidad y agilidad.
Descansar suficiente en la noche permite que la presión arterial del cuerpo se regule.
El sueño y el descanso ayudan a responder mejor a los estímulos emocionales favoreciendo la inteligencia emocional.
Las personas con trastornos de sueño, como el insomnio, están propensas a caer en depresiones y ansiedad.
El sueño ayuda al cuerpo a recuperarse, regenerarse y repararse, mejorando el sistema inmunitario que nos ayuda a contrarrestar las enfermedades.
La sabiduría de Dios en el diseño humano
La sabiduría de Dios en el diseño humano
Aunque los seres humanos dormimos por naturaleza, porque nadie nos enseña, la sociedad nos hace le resta valor al poder curativo.
Dios nos diseñó para descansar porque así nuestro cuerpo se recupera.
Una buena mayordomía de nuestro cuerpo significa valorar el descanso.
Dormir bien y descansar es respetar el diseño de Dios para el ser humano.
El descanso es tan importante, tan cristiano y tan característico de una persona libre que Dios lo establece en los 10 mandamientos:
12 »Observa el día sábado, y conságraselo al Señor tu Dios, tal como él te lo ha ordenado. 13 Trabaja seis días, y haz en ellos todo lo que tengas que hacer, 14 pero observa el séptimo día como día de reposo para honrar al Señor tu Dios. No hagas en ese día ningún trabajo, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu burro, ni ninguno de tus animales, ni tampoco los extranjeros que vivan en tus ciudades. De ese modo podrán descansar tu esclavo y tu esclava, lo mismo que tú. 15 Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que el Señor tu Dios te sacó de allí con gran despliegue de fuerza y de poder. Por eso el Señor tu Dios te manda observar el día sábado.
En el versículo 15 se nos da un recordatorio escalofriante: la falta de descanso, el desgaste continuo, el trabajo sin descanso son característicos de una vida en esclavitud. Solo quien es libre puede descansar.
Entonces: ¿eres libre? ¿Te has dejado esclavizar por las ocupaciones?
El buen descanso y el sueño son gratis, pero no descansar le saldrá caro; tendrá que pagar para curar su salud, será menos productivo en su empleo, tendrá calificaciones más bajas y tendrá problemas con los demás.
¿Así quiere vivir? ¿Vale la pena “matarse” trabajando tanto?
Recomendaciones para descansar
Recomendaciones para descansar
Prepárese para dormir antes de dormir.
Libere sus cargas en Dios antes de dormir. Solo Dios puede darle descanso.
Hágase el propósito de dormir no menos de 7 horas cada noche.
Evite los equipos electrónicos antes de dormir.
Mantenga oraciones de gratitud antes de dormir.
Procure que su habitación sea un lugar acondicionada para el descanso.
Respete el sabbat: un día de descanso y conexión a la semana.
Valore el descanso tanto como valora el trabajo duro.
No sature todo su descanso con películas y paseos, descansar es valorar las cosas gratuitas de la vida.
Conclusión
Conclusión
La pereza es algo más que la ausencia de trabajo o la forma de evitar el trabajo; también es disfrutar de holgazanear bajo el sol o en los brazos de otra persona. A través de mi trabajo en un centro de cuidados paliativos aprendí que los momentos que pasas disfrutando de la compañía de un viejo amigo, saboreando el olor del café o disfrutando de una cálida brisa pueden hacer que incluso el final de la vida sea más placentero.
A medida que el futuro se vuelve más incierto, quiero enseñarle a mi hijo a disfrutar del planeta ahora mismo. Quiero enseñarle a no hacer nada echado en la hierba y a observar las nubes sin ninguna sensación de urgencia impuesta de manera artificial.
Muchas de las maneras en que he aprendido a vivir bien en un cuerpo crónicamente enfermo (tomando el momento presente con lentitud y suavidad, dejando de buscar certezas sobre el futuro, durmiendo la siesta, soñando, alimentando las relaciones y amando con locura) son relevantes para todas las personas que viven en este planeta crónicamente enfermo.
Muchos siguen luchando para poder pagar su vivienda y la comida. Para demasiadas personas, la pereza no es una opción.
Pero el descanso no debería ser un lujo; nuestro tiempo nos pertenece y no es una mercancía. Recuperar nuestro tiempo es un acto de soberanía sobre nuestras vidas, merecido por todos.
Hoy, mi hijo y yo estamos jugando a la colina. Estamos tumbados bajo una pila gigante de todas las cobijas de la casa, imaginando que es una colina repleta de hierbas suaves. Siento su cálido aliento en mi cuello, sus delgadas extremidades se extienden por mi vientre blando.
“Shh, abba”, dice. “Las colinas no se mueven ni hablan… solo se quedan quietas y germinan cosas”.
Le estoy enseñando a mi hijo a ser perezoso y, hasta ahora, todo va muy bien.
En cuanto a usted, ¿qué va a hacer a partir de ahora?
