JESÚS APARECE PARA RESTAURAR A PEDRO (PARTE I)
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PASAJE JUAN 21:1-14
PASAJE JUAN 21:1-14
Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a los discípulos junto al mar de Tiberias, y se manifestó de esta manera:
2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos.
3 Simón Pedro les dijo*: Me voy a pescar. Ellos le dijeron*: Nosotros también vamos contigo. Fueron y entraron en la barca, y aquella noche no pescaron nada.
4 Cuando ya amanecía, Jesús estaba en la playa; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
5 Entonces Jesús les dijo*: Hijos, ¿acaso tenéis algún pescado? Le respondieron: No.
6 Y Él les dijo: Echad la red al lado derecho de la barca y hallaréis pesca. Entonces la echaron, y no podían sacarla por la gran cantidad de peces.
7 Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba, dijo* a Pedro: ¡Es el Señor! Oyendo, pues, Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se la había quitado para poder trabajar), y se echó al mar.
8 Pero los otros discípulos vinieron en la barca, porque no estaban lejos de tierra, sino a unos cien metros, arrastrando la red llena de peces.
9 Entonces, cuando bajaron a tierra, vieron* brasas ya puestas y un pescado colocado sobre ellas, y pan.
10 Jesús les dijo*: Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora.
11 Simón Pedro subió a la barca, y sacó la red a tierra, llena de peces grandes, ciento cincuenta y tres; y aunque había tantos, la red no se rompió.
12 Jesús les dijo*: Venid y desayunad. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Quién eres tú?, sabiendo que era el Señor.
13 Jesús vino*, tomó* el pan y se lo dio*; y lo mismo hizo con el pescado.
14 Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos.
I. EL ESCENARIO DE LA APARICIÓN
I. EL ESCENARIO DE LA APARICIÓN
a. Dónde se apareció.
a. Dónde se apareció.
Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a los discípulos junto al mar de Tiberias, y se manifestó de esta manera:
El mar de Tiberias, es el mismo mar que en otro lugar se le llama Mar de Galilea o Genesaret. Es posible que haya recibido este nombre por la ciudad construida sobre la costa del mar de Galilea por Herodes el tetrarca (Jn. 6:23), que le dio este nombre en honor a Tiberio, el emperador romano. (Ant. 18:2, 3; Guerras 2:9, 1). [1]
Pero más allá de los nombres y las características particulares que presenta esta extensión de agua, las cuales se han abordado en otro momento, lo que hace verdaderamente relevante este lugar es que un cantidad de enseñanzas y milagros nada pequeños se dieron en este mar y en sus inmediaciones. Grandes lecciones recibieron los discípulos en el Mar de Tiberias. Sin duda un lugar entrañable que evocaba las más grandes e intensas glorias que los discipulos vieron de nuestro Señor Jesús.
Fue en las aguas profundas de este lago donde ocurrió la dramática la pesca milagrosa que Pedro vio y “cayó de rodillas delante de Jesús y le dijo: —¡Apártate de mí, Señor; soy un pecador! Lc. 5:8. Fue cerda de sus orillas donde alimentó a un multitud de hombres y mujeres con unos pocos panes y peces. Fue allí donde una noche que “el lago estaba picado” y el viento soplaba con furia que el Señor apareció caminando sobre las aguas y enseguida llegaron a al orilla (Jn. 6:21). Fue en el Lago de Tiberias donde Pedro caminó sobre las aguas. Donde un buen día se “levantó en el lago una tormenta tan fuerte que las olas inundaban la barca” y los discipulos gritaban: —¡Señor—, sálvanos, que nos vamos a ahogar! Pero Jesús “reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo.” y los discipulos no salían de su asombro, y decían: «¿Qué clase de hombre es éste, que hasta los vientos y las olas le obedecen?» Mt.8.23-27. Fue de este lago que Pedro sacó el dinero de la boca de un pez para que pagara los impuestos.
J.C. Ryle comenta que En Corazín, Betsaida y Capernaum, ciudades a orillas de este lago, obró algunos de sus mayores milagros. Sentado en una barca en este lago pronunció la parábola del sembrador. En resumen, de todas las regiones donde nuestro Señor predicó y obró milagros, ninguna vio y oyó tantas cosas como la zona del “mar de Tiberias”.
Pero aunque todas estas cosas tienen un valor incalculable y un impacto profundo en los discipulos, quizas lo que hacía más memorable este lugar para ellos, o por lo menos para cuatro de ellos, era lo siguiente: Mateo nos indica que un día andando junto al mar de Galilea, [Jesús] vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, echando una red al mar, porque eran pescadores. Y les dijo*: Seguidme, y yo os haré pescadores de hombres. Al instante dejaron las redes y lo siguieron. Mt. 4:19-20. Por su parte Marcos nos dice que “Yendo un poco más adelante vio a Jacobo, el hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, los cuales estaban también en la barca, remendando las redes. Y al instante los llamó; y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.” Mc. 1:19-20
El Mar de Tiberias fue el lugar donde estos hombres comunes fueron llamados por Dios y recibieron la vocación más extraordinaria que hombre alguno ha recibido jamás, ser apóstol de Jesucristo. Fue de aquí de donde salió un tercio de los 12 discípulos que se encargarían de llenar la faz de la tierra con la gloria de Cristo. Fue aquí donde un día dejaron la vieja vida de pescadores para convertirse en pescadores de hombres. De cañas, anzuelos y redes a maestros y columnas de la iglesia de Cristo; de tripulantes de una barca a escritores inspirados; de desempeñar el insignificante oficio de pescar a ocupar con sus nombres los doce cimientos de las murallas de la nueva Jerusalén (Ap. 21:14); de la industria de la pesca al negocio de las almas eternas. !Oh querido mar de Tiberías! que lugar ha escogido el Señor para aparecer por última vez a sus discípulos.
La mayoría de los comentarista coinciden en que aquí tenemos un relato histórico cargado de muchos detalles que apuntan a verdades espirituales profundas y que Juan lo deja explícito al usar la expresión “se manifestó de esta manera” como queriéndonos indicar que prestemos la debida atención a cada detalle porque son de gran importancia y que contienen símbolos que trasciende al propio hecho histórico.
b. A quienes se apareció.
b. A quienes se apareció.
En esta ocasión no se encontraban todos los discipulos sino que Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. No sabemos cuantos días han pasado desde la última aparición tampoco sabemos porque el resto de los discipulos no estaban. Sus razones debieron estar bien justificadas pues el ángel que apareció en la tumba había dicho: “va delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán.” (Mt 28:7). y el propio Jesús dijo: “...avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán. (Mt 28:10).
Podemos comprender la presencia de Simón Pedro y los hijos de Zebedeo porque eran pescadores y posiblemente socios; y de Natanael porque era de Caná de Galilea. Los otros dos discípulos podía ser Andrés, hermano de Pedro y Felipe quien “era Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro” (Jn 2:44) pero esto no pasa de ser una mera conjetura. Morgan comenta acerca de estos dos discípulos anónimos lo siguiente: “Había ‘otros dos,’ y no se mencionan sus nombres. Ellos representan a las multitudes anónimas y ocultas de almas fieles, cuyos nombres nunca son publicados en documentos humanos, cuyas obras nunca son reportadas en los reportes humanos. A estos se manifestó tan seguro como a los demás. Esos ‘otros dos’ representan a la mayoría de los santos.” [1]
[1] Comentario David Guizic. Usado de E-Sword.
Eso es algo que debe considerarse dado el evento milagroso al que estamos haciendo referencia. Pero lo que si resulta sorprendente es ver a Tomás aquí, y verlo tan cerca de Pedro nos sorprende más aún. Al parecer Tomás había aprendido una gran la lección. La última ocasión que Juan lo menciona se le ve terco, obstinado e indiferente a lo que decían sus hermanos, ahora se le ve cerca del Pedro un líder muy importante. El día que se alejó del grupo se había perdido la bendición de ver al Señor resucitado, perdió el gozo que abundaba en el resto de sus hermanos y se mantuvo en una actitud pecaminosa por varios días. Tomás no estaba dispuesto a que algo así sucediera de nuevo. Es común que cuando un hombre, por el poder del Espíritu Santo, se hace consciente de su indignidad y pecado y del perdón inmerecido que ha recibido se vuelque con un corazón tierno a los lideres para servir cerca de ellos. El poder de la resurrección había obrado en el corazón de Tomás.
II. LOS DISCIPULOS VUELVEN A LA RUTINA
II. LOS DISCIPULOS VUELVEN A LA RUTINA
Lo cierto es que a estos 6 hombres Simón Pedro les dijo*: Me voy a pescar. Ellos le dijeron*: Nosotros también vamos contigo. Alguno pretende ver aquí un acto de desobediencia, piensan que estos hombres, y en especial Pedro, han vuelto a su vieja vida y han desatendido el llamado que se les había conferido como ministros del evangelio (Jn. 20:22). Pero definitivamente no es el caso. Lo que estamos observando no es una demostración de “volver al mundo” sino la condición real de estos discipulos. Ellos necesitaban trabajar porque eran personas pobres y tenían necesidades que cubrir, y mientras Dios nos les mostrara un medio de sustento ellos estaban dispuestos a hacerlo a la manera que más sabían. Parecen perfectamente razonables y justificadas sus acciones, durante los años de ministerio de nuestro Señor ellos había recibido la caridad de muchas personas que se habían beneficiado y apoyaban al Señor, pero ahora que le habían crucificado, abandonado, y la hostilidad hacia el “Nombre” se había incrementado, no podía esperar la misma disposición de la gente.
Así que fueron y entraron en la barca. La pesca de noche era una método particular de pesca. Durante la noche la barca se paseaba por el mar mientras los pescadores alumbraban en la oscura noche con sus linternas haciendo que el agua resplandeciera. Ellos podían pasar toda la noche mirando atentos al mar en busca de un banco de peces, esta tarea era tediosa y en ocasiones los pescadores volvía desilusionados, agotados y hambrientos. Este fue el caso de los discipulos quienes aquella noche no pescaron nada.
III. JESÚS APARECE
III. JESÚS APARECE
Cuando ya amanecía, es decir, cuando ya comenzaba a despuntar el alba y los rayos del sol lo comienzan alumbrar todo Jesús estaba en la playa. Es probable que los discipulos tuvieran sus ojos “cargados de sueño”, cansado e irritados por la larga faena, que la oscuridad no había desaparecido totalmente, o que no estuvieran prestando atención a quien les hablaba pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Algunos piensan que la apariencia de Jesús había cambiado de nuevo y por ello no les reconocieron, pero me parece improbable que Jesús se haya manifestado con formas corpóreas diferentes, a demás, Juan no dice que no le reconocieron, como ocurrió con los discipulos camino a Emaús Lc. 24:16, sino que no sabían que era Jesús. Recordemos que están a 90 metros de distancia, seguramente enfocados en llevar la barca a la orilla, lo que hace perfectamente comprensible que no supieran que era Jesús.
Entonces Jesús les dijo*: Hijos, ¿acaso tenéis algún pescado? Esta palabras que Jesús elige para dirigirse a ellos son particulares, no es una manera común de dirigirse a un grupo de pescadores trasnochados y fatigados. Esto debió llamarles la atención o parecerles un poco extraño. Hay varios términos para referirse a un hijo, p.ej. τέκνα que significa hijo, descendiente o nacido (Jn. 1:12); υἱὸς que también significa hijo en un sentido directo (Jn 5:19). Pero Jesús no usa ninguno de esos términos, sino Παιδία que significa niños. Sonaría algo parecido a esto: Niños, ¿acaso tenéis algún pescado?
Ahora bien por qué usó este término. Esto puede responder a estás razones:
a. Lo usó como un término cariñoso. A pesar de los esfuerzos que hicieron durante toda la noche no habían logrado pescar nada. No sabemos la necesidad que podía apremiar en la vida de esto hombres, pero ellos debían aprender que Jesús aunque no estuviera físicamente presente, seguiría cuidando de ellos como un Padre tierno y responsable cuida a sus niños pequeños. Y tal cosa, estaba a punto de demostrarlo una vez más con la pesca milagrosa. Ellos no debían temer cuando las olas de maldad asolaran a la iglesia naciente o cuando que la hostilidad hacia el evangelio pareciera insoportable, el Señor cuidaría de ellos.
b. Lo usó como un término de inmaduréz. El término que uso Jesús puede tener una connotación de inmadurez, como en efecto es todo niño. Algunos comentaristas ven en el hecho de que Pedro y del resto de discípulos fueran a pescar aquella noche, la presencia de incertidumbre y confusión con respecto a su llamados y a cómo lo iban a realizar. Tal vez pensaban: !Sabemos que debemos predicar el evangelio pero cómo, dónde y cuándo lo haremos no sabemos! !volvamos al trabajo, siempre es mejor la diligencia que la ociosidad!.
Cuando el pequeño Samuel fue llamado por Jehová al ministerio de profeta él no comprendía lo Dios estaba haciendo. Cada vez que escuchaba la voz de Dios dada su inmadurez iba a donde Elí. La Biblia nos dice que esto ocurría porque “Samuel no había conocido aún a Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.” 1 Sm. 3:7. A al tercera vez que esto ocurrió “Elí entendió que Jehová llamaba al joven”. El término joven también puede traducirse como niño o muchacho. Mientras Samuel no conocía ni entendía la palabra de Dios era un niño. Pero luego que Samuel atendió el llamado de Dios y entendió cual era el Plan que el tenía para con Israel y la casa de Elí se nos dice que “Samuel creció, y Jehová estaba con él”. 1 Sm. 3:19.
De igual manera, los discípulos debían entender que el Señor sería quien les supliría para todas sus necesidades y bajo cualquier condición, que usaría los medios ordinario pero también los extraordinario para proveerle a fin de que cumpliera con la misión que se les había encomendado.
Los cierto es que ante las pregunta de Jesús ellos le respondieron simplemente: No.
Y Él les dijo: Echad la red al lado derecho de la barca y hallaréis pesca. William Barcley piensa que esta parte del relato se nos presenta no como un milagro sino como algo que frecuentemente pasa en aquel lago. Al estar la barca cerca de la orilla -dice Barcley- el que está arriba de ella en ocasiones depende de algún pescador guía que desde la orilla le diga a donde debe tirar la red. Pero que tal cosa sea costumbre no niega el milagro. Además no satisface ni explica la forma en que se desarrollan los hechos. Es más, genera más preguntas que respuestas: ¿Acaso puede una persona desde la orilla visualizar el lugar exacto en donde se encontraban estos peses sabiendo que están a 90 mts. de la orilla? ¿Cuál era la probabilidad de que estos hombres experimentados en el oficio, cansados de haber pasado toda la noche pescando le fueran a obedecer a un extraño hombre que les dijo: Niños, ¿acaso tenéis algún pescado? Recordemos que Pedro el día de la pesca milagrosa le dijo a Jesús estás palabras: “Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada, pero porque tú lo pides, echaré las redes. Lc.5:5. Parece poco probable que Pedro fuera hacerle caso a un extraño.
Lo que aquí está sucediendo es un milagro, la creación responder a la voz de su Creador y no se resiste. La voz del Señor produjo que los peces estuvieran en el lugar exacto donde caería la red. Y por su parte, los discipulos experimentados respondieron a la orden del Señor con una obediencia y sumisión única, no hubo preguntas, no hubo refutes, más bien un “hágase tu voluntad” y Entonces la echaron. El resultado de esto fue que no podían sacarla por la gran cantidad de peces.
Es impresionante la receptividad y sensibilidad que puede dar el amor a los sentidos. El corazón que ama solo está esperando un pequeño viento para abrir su alas y volar o una mínima chispa para encender la llama que jamás se apaga. Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba, dijo* a Pedro: ¡Es el Señor!
Juan supo que Aquel que había dado la instrucción no era otro que el Señor resucitado. Él que tanta lecciones les había dado en el mar de Tiberias había venido una vez a demostrar su poder, su amor, su generosidad y su cuidado por ellos. Lo que tenemos aquí es una bella escena. ¿Qué estuvo haciendo el Señor durante los días que no se había aparecido? no lo sabemos. Pero sea lo que fuera que estuviera haciendo, la situación de sus discípulos le importaba y apareció para atenderla.
Por su parte, Oyendo, pues, Simón Pedro que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se la había quitado para poder trabajar), y se echó al mar. El día de la resurrección Juan llegó primero que Pedro a la Tumba vacía, pero Pedro no permitiría eso de nuevo, así que se viste y se echa al mar. Ciertamente Juan fue el primero en verlo pero el sería el primero en alcanzarlo, eso es devoción. Pedro ha dejado la barca, a los tripulantes y una red llena de peces con la que seguramente sacarían una muy buena ganancia y se arrojó al mar.
Pero los otros discípulos vinieron en la barca, porque no estaban lejos de tierra, sino a unos cien metros, arrastrando la red llena de peces.
Aunque hay un fuerte contraste entre la conducta de Pedro quien “se echó al mar” y la de los discipulos quienes “vinieron en la barca” no debemos darle indiscriminadamente todo el mérito a Pedro y pensar que hizo un mayor esfuerzo para su Señor. Ciertamente nadar casi 100 mts. con ropa puesta es un trabajo que implica su esfuerzo, pero sacar una pequeña barca hasta la orilla arrastrando un red llena de peces tampoco es tarea fácil, tiene su dificultad. Además, si todos se hubiesen lanzado agua le pesca se hubiera perdido, y en el mejor de los casos esto se hubiese visto como un acto de ingratitud.
9 Entonces, cuando bajaron a tierra, vieron* brasas ya puestas y un pescado colocado sobre ellas, y pan. Jesús les dijo*: Traed algunos de los peces que habéis pescado ahora. Simón Pedro subió a la barca, y sacó la red a tierra, llena de peces grandes, ciento cincuenta y tres; y aunque había tantos, la red no se rompió. Aunque la instrucción fue general para todos vemos una vez más a Pedro tomando la iniciativa. Una red mojada y llena de 153 peces pudo haber pesado unas 300 lb. -según Tenney-. Personalmente, pienso que este dato no solo es un “tributo a la fuerza de Pedro” sino una evidencia de que el corazón de Pedro ardía con un amor intenso . Lo que movió a Pedro a lanzarse al agua y nadar casi 100 mts. tuvo que ser la fuerza del amor que en ocasiones busca expresarse de manera intensa.
Hay golpes emocionales que hacen que el cerebro ordene que se dispare una hormona llamada adrenalina. Esta aumenta la frecuencia cardiaca y en consecuencia surge una mayor irradiación de sangre hacia los músculos, lo que le permite tener contracciones más fuertes y por ende, ejercer una mayor fuerza. Algunos han querido llamarle a esto la “fuerza histérica”. Pienso que Pedro estaba en un estado similar, la emoción y el amor por su maestro lo hicieron bajar la red sin mayor dificultad.
Luego de esto Jesús les dijo*: Venid y desayunad. Ninguno de los discípulos se atrevió a preguntarle: ¿Quién eres tú?, sabiendo que era el Señor. Jesús vino*, tomó* el pan y se lo dio*; y lo mismo hizo con el pescado.
Nótese que el Señor ha preparado “la mesa” para alimentar a los suyos, así como en una ocasión había alimentado a una multitud de hombres con unos pocos panes y pececillos ahora estaba alimentado a sus discipulos. Con esto el Señor demuestra por lo menos tres cosas: Primero, el poder para crear cosas de la nada o lo que hemos llamado creación exnihilo, un atributo que solo Dios posee. Segundo, el cuidado que tiene de las necesidades físicas de los suyos. Cansados y seguramente hambrientos de pasar toda la noche trabajando se consiguen al amanecer que el Señor resucitado les invita a desayunar. Y tercero, la sencillez del Señor no cambia, el Victorioso Señor que había vencido la muerte y sido vindicado con poder como el Hijo de Dios, estaba ahí a la orilla de la lago sirviéndole a sus discipulos. ¿Será que el Juez del cosmos no tenía nada más importante que hacer? !Ah, cuanto ama el Señor a su pueblo!.
Esta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos, después de haber resucitado de entre los muertos.
IV. APLICACIONES PARA LA VIDA
IV. APLICACIONES PARA LA VIDA
I. Ver a los discipulos volver al mar de Galilea a pescar es digno de considerar. La pesca no era considerada un deporte o un pasatiempo como en nuestro días sino un trabajo, y uno no muy digno. Esperaríamos que el Señor hubiese suplido todo lo que ellos necesitaban de manera milagrosa durante esos 40 días y que ellos pudieran seguir escondidos, orando y esperando. Aunque definitivamente, Jesús pudo hacer eso, no fue el caso. Ellos salieron al mundo y trabajaron, enfrentaron sus temores y buscaron la provisión. Es interesante como el Señor forma a sus hijos en todas las áreas. En una ocasión les dijo: “No os proveáis de oro, ni de plata, ni de cobre para llevar en vuestros cintos, ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de sandalias, ni de bordón; porque el obrero es digno de su sostén” Mt 10:9–10. Y en otra ocasión le dijo: “en cambio, el que tenga un monedero, que lo lleve; así mismo, el que tenga una bolsa. Y el que nada tenga, que venda su manto y compre una espada. Lc. 22:36. Pablo llegó a decir: “Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad.” Fil. 4:12. A los Tesalonicenses les recordó el trabajo y fatiga que de día y noche soportó para no serles una carga (1 Ts. 2:9); y no es que no tuviera el derecho porque el que predica el evangelio debe vivir del evangelio pero prescindió del derecho porque quizo ser un ej. de disciplina y de como vivir la vida cristiana. Del mismo modo, aunque lo más natural es procurarnos una vida cómoda para nosotros y nuestra familia, recordemos que el Señor a través de las diversas circunstancias de la vida nos está preparando y formando el carácter a fin de que alcancemos la altura del varón perfecto.
II. La ociosidad y la pereza son pecaminosas el trabajo duro es un deber del cristiano. Aunque usted logre alcanzar la “libertad financiera” que tanto anhela esta generación aun usted tiene el deber de gastar su vida trabajando intensamente para Dios. Si se nos pedirá cuenta por cada palabra pronunciada también podemos esperar dar cuentas por cada segundo gastado.
III. Notamos que aunque el apóstol Pedro parece tener la acción más devota al lanzarse al agua primero, no debemos por eso precipitarnos a pensar que él era el mejor de todos, el más piadoso o incluso el más útil. Sin duda era él más intrépido pero no necesariamente el más fiel. En la iglesia solemos precipitarnos al pensar que algunas personas deberían hacer o actuar de cierta manera y si no sucede nos enfadamos e incluso lo consideramos injusto. Pero el hecho de que alguien no tenga una participación muy visible que directamente me beneficie no significa que no esté haciendo nada por el Señor, puede formar parte de eso hermanos que cargan la pesada red mientras otros tienen el protagonismos.
En este mismo orden de ideas no deberíamos pasar por alto el hecho de que hayan dos discipulos que no se les llama por su nombre a lo largo del relato. Para Juan ellos son los “...otros dos de sus discípulos” Para algunos comentaristas estos discipulos vienen a representar a esa cantidad innombrable de santos que a lo largo de la historia no se han construido un nombre, no han escrito ningún libro, ni han servido en grandes congregaciones, sin embargo, al igual que los “...otros dos..” han visto al Señor y le han sido inmensamente útiles. En estos días en los que la vida de celebridad parece ser el único Lifestyle permitido, es bueno recordar que el único nombre que merece tener honor y fama es el de Señor Jesucristo. Por favor, trabajemos duro para traer santidad a ese Nombre.
IV. El Señor Jesús ha ratificado una vez más la veracidad de su resurrección de una manera clara y poderosa. Para quienes piensan que se trataba de que Jesús era fantasma tendrá que explicar cómo se las arregló para servir el desayuno y comer con los discípulos. Para quienes dice que lo que ocurrió aquel amanecer fue una alucinación colectiva tendrán que explica cómo puede haber tal cosa como una alucinación colectiva. Y además, cómo pudo una mera alucinación indicar el lugar exacto donde estaría el banco de peces, y hacer que los discípulos misteriosamente echaran de nuevo la red.
El Señor Resucitó y apareció a los discipulos en el Mar de Tiberias para darles una gran lección. A partir del pentecostes ellos serían enviados en la barca del ministerio a llevar el evangelio por los mares de este mundo. En ocasiones verían solo una oscura oposición y podrían pensar que su labor no era fructífera, pero ellos debían saber que para el Señor no había nada imposible. Que con la misma voz con la que llamó a los peces a la red llamaría a los suyos a la iglesia. Parece sorprendente que Juan aun no olvidaba el número exacto de aquella pesca: 153. Se ha dicho que el número de las especies de peces conocidos era de 153 peces, si ese fue el caso había una representación de toda la especie de peces en esa pequeña red. Lo que puede ser una referencia al alcance internacional del evangelio. En la iglesia del Señor habrá una representación de toda la humanidad pues gente de toda raza, lengua y nación le servirán. Estos “pescadores de hombres” llevarían el evangelio hasta los confines de la tierra.
V. El Señor ha dado una vez más ej. de Servicio y abnegación! En nada ha cambiado! ¿Podríamos criticarle o acusarle de orgullo si luego de resucitar demandara devoción y adoración de parte de los suyos? De ninguna manera, no obstante, lo vemos sirviendo en la humilde labor de “preparar el desayuno”. Que los hombres sigan este ej. y procuren servir antes de ser servidos.
BIOGRAFÍA
J.C. Ryle. Meditaciones sobre el evangelio de Juan.
Ventura, S. V. (1985). En Nuevo diccionario bíblico ilustrado (p. 1147). TERRASSA (Barcelona): Editorial CLIE.
William Barclay. Comentario al Nuevo Testamento.
