Sanando las heridas del corazón

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Introducción

Hechos 14:19-22 “Entonces vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron a la multitud, y habiendo apedreado a Pablo, le arrastraron fuera de la ciudad, pensando que estaba muerto. Pero rodeándole los discípulos, se levantó y entró en la ciudad; y al día siguiente salió con Bernabé para Derbe. Y después de anunciar el evangelio a aquella ciudad y de hacer muchos discípulos, volvieron a Listra, a Iconio y a Antioquía, confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe, y diciéndoles: Es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.”
Cita Bíblica: Salmos 147:3 “El sana a los quebrantados de corazón, Y venda sus heridas.”

I. ¿Qué son las heridas?

La herida es una pérdida de la integridad de los tejidos blandos, producida por agentes externos,como un cuchillo, o por agentes internos, como un hueso fracturado. La pérdida del ambiente estéril del interior hace que pueda producirse una infección.
Las heridas son lesiones causadas por un evento de aflicción o pesar en nuestra vida. Cuando son atendidas, sanan y dejan cicatrices como un recordatorio de la fidelidad y cuidado de Dios, son testigos vivos de una batalla, testimonios de nuestras derrotas y victorias.

II. ¿Qué tipos de heridas existen?

Dentro del área de la medicina se encuentran los siguientes tipos de heridas clasificadas desde varios puntos de vista:
Según el objeto o el mecanismo causante, la herida puede ser:
Cortante o incisa
Punzante
Contusa
Por desgarro
Por raspadura
Según la profundidad, la herida puede ser:
Superficial
Profunda
Penetrante
Perforante
Según la cicatrización, la herida puede ser:
Aguda
Crónica
Según su riesgo de infección, la herida puede ser:
Limpia
Contaminada
Sucia o infectada
Según la integridad de la piel, la herida puede ser:
Abierta
Cerrada
Cuando hablamos sobre las heridas del corazón también podemos encontrar una variedad de ellas y también clasificarlas según sus características. Las heridas emocionales podemos sentirlas por quién lo hizo, por cómo lo hizo o por las consecuencias que puede llegar a causar. Muchas formas de clasificar las variadas heridas del corazón.
En este momento es difícil dar solución con un mensaje, a cada una de las heridas.

III. ¿Cómo curar las heridas?

Debemos saber muy bien que no todas las heridas tienen un mismo procedimiento de curación, esto debido a la variedad de heridas que existen. El médico deberá por norma general limpiar las heridas con agua y jabón neutro. De ahí tomar el procedimiento adecuado al tipo de herida.
En la vida cristiana ocurre algo similar. Dios, el médico, aplicará el procedimiento adecuado en el corazón donde la herida se encuentre. Recuerda que el proceso de limpieza es el inicio de todo el procedimiento no el fin. Este procedimiento causará dolor pues es necesario sacar todo lo malo en la herida para así dejar que sane de manera adecuada.
Aspectos que se toman en cuenta para el proceso de curación de heridas
La responsabilidad del paciente
Prevención (Sal 55:16-17)
Cuidados (Pr 4:23)
Seguimiento (Pr. 4:27)
Responsabilidad del médico (Salmo 147:3; 55:4-5; 34:18-19; Is. 43:1-5)
La irresponsabilidad del paciente (Salmo 51)
Infecciones (Amargura, remordimiento, rencor, ansiedad, depresión)
Pérdida de la funcionalidad normal del área afectada. (Poca participación, aislamiento, abandono de ministerio)
Ampliación de proceso de restauración (Desesperación, intranquilidad)
Daños severos (Ruptura de relación de forma irreparable)

Conclusión

Un falso mito, no es cierto que las heridas al aire curan mejor, la herida debe permanecer cubierta. La declaración de Pedro nos ayudará bastante en el proceso de restauración, “echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” El verbo echar significa la acción de esforzarse por arrojar algo lejos de nosotros (Simon J Kistemaker) (Dt. 31:6).
Discursos a mis estudiantes (Discurso 11: El desfallecimiento del ministro)
La lección de la sabiduría es: No desmayes por los conflictos del alma. No los consideres cosa extraña, sino parte de la experiencia ordinaria del ministro. Si el poder de la depresión es más grande de lo normal, no pienses que tu utilidad ha terminado: no pierdas tu confianza, porque tiene grande galardón. Aunque el pie del enemigo esté sobre tu cuello, confía en que te levantarás y le vencerás. Echa la carga del presente, juntamente con el pecado del pasado y el temor del futuro sobre el Señor, el cual no desampara a sus santos. Vive día a día y hora a hora. No confíes en fórmulas ni en sentimientos, y valora más un grano de fe que una tonelada de entusiasmo. Confía solo en Dios y no te apoyes en las cañas de la ayuda humana. No te sorprendas si te fallan los amigos: estamos en un mundo falible. Nunca cuentes con la inmutabilidad en el hombre, pero sí puedes dar por hecha su inconstancia sin miedo a equivocarte. Sirve a Dios con todas tus fuerzas mientras arde aún la vela y, luego, cuando se apague por algún tiempo, tendrás menos que lamentar. Sigue sirviendo con doble fervor a tu Señor cuando no hay delante de ti ningún resultado visible. Cualquier simplón puede ir por el camino estrecho a la luz del día, pero la rara sabiduría de la fe nos capacita para seguir adelante en la oscuridad, con precisión infalible, puesto que va de la mano de su Gran Guía. Entre esto y el Cielo puede haber aún algún tiempo más tormentoso, pero nuestra Cabeza del pacto provee para todo ello. No nos desviemos en nada de la senda que el llamamiento divino nos ha impulsado a seguir. Vengan días buenos o malos, el púlpito es nuestra atalaya y el ministerio nuestra lucha. Séanos concedido que cuando no podamos ver el rostro de nuestro Dios, confiemos bajo LA SOMBRA DE SUS ALAS.
Para Lázaro, la tumba significó, resurrección, para Pedro su noche más oscura, restauración y para José su pozo de desesperación fue el reinado. Recuerda, Él te dice “Yo soy tu Dios que te sana”.
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