Enséñanos a Orar II
Sermon • Submitted
0 ratings
· 22 viewsNotes
Transcript
La semana pasada empezamos un tema importante y que, si escuchamos las palabras de nuestro Señor Jesús, puede cambiar nuestras vidas, al cambiar la forma de orar. De una manera hermosa, la Palabra nos dice, sin decirlo ¡estás orando mal! Los discípulos, hombres que hacían oraciones todos los días, entendieron que, en la forma de Orar de Jesús, había algo diferente, y por eso le piden que les enseñe a orar y la respuesta de Jesús no fue: sigan haciéndolo así como lo hacen, o digan lo que se les ocurra.
La semana pasada descubrimos que hay algo más en la oración que sólo hablar o usar palabras esdrújulas o pedir que por favor conteste tu oración, pero que no conteste la oración de tu esposa. Y así llegamos al momento de la oración que cambia las vidas.
Vimos dónde y cómo orar, en cuanto a la actitud. Ve a un lugar y en un tiempo específico, cierra la puerta, no quiero que tu oración siempre sea a la carrera, en el auto, en el transporte. Aparta un tiempo y ora y si dices: Señor ¡no tengo tiempo! Estoy muy ocupado; Jesús quizá diría: es tu decisión, YO sólo te estoy enseñando.
La oración es diferente, es algo nuevo, es hacerlo de forma diferente a cómo lo hemos venido haciendo. Hemos tomado a la oración como un amuleto, una máquina para pedir. Bueno ya dije mi oración del día, tengo la pata de conejo, en mi bolsa, el ajo colgando en la puerta, evitar gatos negros, no pasar bajo la escalera, ahora sí estoy listo para enfrentar el día ¡no es así! ¡no es una fórmula mágica!
Hablamos sobre el tiempo. No se trata de llegar a darle un reporte o de informarle la lista de pendientes del día, tampoco de cubrir 2 horas con palabrería. No tienes que impresionar a Dios con tu lenguaje, porque ÉL ya sabe lo que necesitas. ¿Recuerdas esto de la semana pasada?
La oración es algo más, es cuando Dios se convierte en Padre para ti y Jesús en tu Salvador personal, es cuando tienes una relación más personal, más íntima. Recuerda: lugar, tiempo, palabras, Dios sabe todo.
El Señor Jesús nos lleva a una parte muy conocida de la Biblia y nos da un modelo, esta oración no es una fórmula para ser memorizada y repetida. Es bueno que la aprendas y de vez en cuando la recuerdes, pero es algo más que sólo eso.
“Ora de la siguiente manera: Padre nuestro que estás en el cielo, que sea siempre santo tu nombre.” (Mateo 6:9, NTV)
Lo primero que hacemos es declarar, reconocer, la grandeza de Dios. Santificado sea tu Nombre. O sea, lo primero en la oración no es brincar a tus necesidades, sino lo primero es reconocer el grande Amor de Dios quien te invita que le digas Padre ¡lo puedes meditar! Te invita que le digas: Papá. Es detenerte un momento para que estés bien consciente de a quién le estás hablando.
Al reconocer conscientemente de la grandeza de Dios, inmediatamente te pones en el lugar adecuado, reconocer nuestra pequeñez, nuestra posición de privilegiados a pesar de no merecerlo. Al hacer eso, ya no puedes hablar con Dios de forma arrogante, orgullosa, demandante.
Que siempre sea santo tu Nombre. Tu Nombre es digno de alabar siempre, de caer rendido ante ti y mientras más tiempos pasas reconociendo a quién le hablas, menos te vas preocupando de los asuntos que aun no se resuelven. Mientras más experimentes a quién le estás hablando, más confianza de que está contigo, que te ama, es todopoderoso, lleno de gracia y misericordia. Y que anhela que pases tiempo con ÉL.
Si en la oración dices: buenas noches, Dios, y te paso mi pliego petitorio: mis finanzas, mis relaciones, la enfermedad; quién pierde eres tú, te pierdes de reconocer SU grandeza y la gran bendición que es acercarte a ÉL, es ponernos en perspectiva.
Dios merece ser obedecido, adorado, pasa tiempo reconociendo SU grandeza ¿cuánto tiempo? No importa, sólo asegúrate de hacerlo con calma, con consciencia de a quién le estás hablando. No es un Dios ajeno, es tu Padre Celestial. Mientras más tiempo pases asimilando esto, te darás cuenta de que es súper misericordioso, así que antes de pasar a otra parte, húndete en SU presencia. Que tus presiones, miedos no hagan que te apresures, porque esta parte afecta el resto de nuestra oración.
La siguiente parte es donde pasamos más tiempo, porque es lo importante de la oración.
“Que tu reino venga pronto. Que se cumpla tu voluntad en la tierra como se cumple en el cielo.” (Mateo 6:10, NTV)
En otras palabras, antes de entrar en MIS asuntos, quiero que sepas que no importa la respuesta, bueno sí, pero no es lo principal que quiero, lo que es principal es que TÚ ERES MI DIOS.
Me estoy rindiendo por completo. Confío que lo que quieres para mí, para mi familia, es mejor que lo que yo quiero. Estoy rendido a tu Voluntad, a Tu Reino no al mío, a tu voluntad no a la mía. Y aquí precisamente es donde tropezamos constantemente. Es en esta parte dónde nos tiemblan las rodillas, donde hacemos de tripa corazón porque nos da miedo, decirle a Dios ¡Estoy totalmente rendido a tu voluntad en mi vida!
Porque al ser así, tenemos que sincronizar nuestra voluntad a SU voluntad, es aquí donde la vida empieza a cambiar, es aquí donde Jesús pasa de ser un personaje de la historia a ser Salvador de tu vida diariamente.
La oración no es para obtener cosas, sino para estar en sincronía. Como si nos dijera: quiero que rindas tu vida, que me busques hasta que estés 100% rendido a mí. Si nos hiciera nuestro Dios y Señor la pregunta ¿qué porcentaje de tu vida has rendido por completo? ¿qué responderías? La respuesta quizá revele que en realidad queremos que haga lo que nosotros queremos.
Quizá de niños aprendimos el Padre nuestro, pero llega una edad en que con palabras repetimos mateo 6, pero con los hechos la oración que hacemos es algo así:
“Venga mi reino;
Sea hecha mi voluntad en mi mundo,
que el cielo por ahora no me importa mucho.
Dame este día todo lo que quiero
Todo lo que se pueda meter al banco-
No me guíes a la tentación,
Eso, lo encuentro yo solito.”
Aunque no con las palabras, sí con la intención del corazón, sí con esa motivación. Nos hemos estancado en este tipo de oración por años, hemos creído que la oración es para lograr que Dios haga nuestra voluntad. Hasta que llega un día que aprendemos lo básico, el propósito de la oración. Hasta que podemos decir: Dios que no se haga mi voluntad, sino tu voluntad sea hecha. Estoy rendido a ti, quiero cambiar y es ahí, en esa posición que nuestra vida empieza a cambiar.
Jesús está enseñando a orar a los discípulos ¿quieres aprender a orar? Empieza reconociendo a quién le estás orando, reconoce y declara la grandeza de Dios.
El paso lógico que sigue después de reconocer esa grandeza de Dios es ¡rendirle todo! Tu vida, sueños, anhelos, tu salud, familia, los hijos, deudas, novio, novia, trabajo, tus bienes ¡todo! Quiero tu voluntad más que mi voluntad. ¿Sabes qué tanto tardas en este momento? Depende de la relación que tienes con tu Padre.
Cuando Jesús orar por Lázaro. Recuerda que tenía 4 días de muerto, está en el sepulcro, llega tarde en esa ocasión y muchas veces lo sigue haciendo. Va a orar para pedir que un muerto de 4 días resucite y en Juan 11 quedó registrada la oración ¿cuánto tiempo tardaría en hacerla? Unos 10 segundos. “Padre que la gente vea que somos uno mismo, que no soy sólo yo.”. No fue una oración larga. Padre, se lo que vas a hacer, se que lo harás, pero estoy orando para que los demás vean que me escuchas y eres tú. Aquí vamos ¡quiten la piedra!
Pero la noche antes de ser entregado para ser llevado a la cruz ¡oro toda la noche! La Biblia dice que sudó gotas de sangre, por horas, luchó y luchó y la razón por la que tardó tanto en la oración es porque ¡sabía lo que SU Padre haría! Y oró lo necesario hasta que pudo decir ¡NO mi voluntad, sino la tuya! Pasó toda la noche en oración hasta que entregó todo. Sea hecha tu voluntad. Si se puede salvar la humanidad de otra forma ¡por favor! Pero a fin de cuentas ¡que sea tu voluntad! Y si tengo que pasar toda la noche orando hasta que pueda rendir mis deseos a los tuyos, hasta que mi alma este tranquila ¡lo haré!
Lo largo de la oración no depende de que Dios quiera hacer las cosas, o no, sino depende de la condición de tu vida, de tu espíritu. Si no le has rendido nada, la oración de será más larga, porque te será difícil rendirle todo. Si le has rendido gran parte de tu vida, será menos tiempo y más enfocada ¡me explico!
Algunas veces orarás 5 minutos, porque tu rendición es mayor, otras veces cuando hay enfermedad, o va mal el matrimonio, las finanzas, hay necesidad, pasarás más tiempo, hasta que tengas paz y puedas decir: aunque no respondas como yo quiero, aunque no me sanes, aunque sigan mal las finanzas ¡que no sea hecha mi voluntad sino la tuya! Aunque nunca más sea como ha sido, quiero seguir y hacer tu voluntad. Quiero rendirme, me está costando trabajo, porque ¡quiero sanar! ¡necesito el trabajo! ¡quiero un hijo! Pero me está constando trabajo. Dios te dice: YO entiendo y si te está costando, duerme, ven mañana y sigamos, no hay prisa ¡quédate conmigo otra hora más! Hasta que puedas rendirme todo.
En esta oración Jesús nos está diciendo: se trata de que rindas toda tu voluntad, empieza en tu cuarto a puertas cerradas, empieza cada mañana o cada noche. Pero verás que cuando tu fe se cruza con SU fidelidad ¡todo empieza a cambiar! Porque se trata de la relación que tienes con tu Padre. La muerte y resurrección de Jesús te permite tener esa clase de intimidad con Dios.
“Danos hoy el alimento que necesitamos,” (Mateo 6:11, NTV)
Ellos pueden recordar cuando salieron de Egipto, cuando en el desierto Dios les da el maná, les da comida para cada día. El día viene en que tendrán abundancia de pan, pero quiero que recuerden que, cuando tengan alimento solo para este día, o tengan alimento en abundancia para todo el mes ¡SOY YO quien se los da!
“y perdona nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros.” (Mateo 6:12, NTV)
Se trata de confesar nuestra dependencia de Dios, para perdonar a quienes nos ofenden, hasta en eso te necesitamos, porque por nuestra parta ¡no lo quiero hacer!
Además, en esta declaración estamos vinculando nuestra obediencia en perdonar a los demás, con que ÉL nos perdone. Esto será motivo de otro tema, en otra ocasión.
“No permitas que cedamos ante la tentación, sino rescátanos del maligno.” (Mateo 6:13, NTV)
En resumen, es depender de Dios para la provisión, para todas las áreas de nuestra vida, el matrimonio.
Hagamos un repaso de la forma como debemos orar:
Empieza proclamando SU grandeza
Rinde tu vida, todas las áreas
Reconoce tu dependencia de Dios para todo
El secreto está en la parte de en medio ¡Rinde tu vida!
La oración termina: no permitas que cedamos ante la tentación, sino rescátanos del maligno.
“…[Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén.]” (Mateo 6:13, RVA)
Esta última parte se cree que fue agregada, pero “haiga sido como haiga sido”, me da gusto porque suena mejor terminar así, que en la parte de la tentación
Imagino a los discípulos diciendo: esa oración está corta ¿no? Veo a Jesús entornando los ojos diciendo ¡no se trata de eso! Esta oración es sólo un ejemplo. Quiero que reconozcan a quién le están hablando, que le pueden llamar Padre; pero es Dios Todo poderoso, y merece que le obedezcas, le sigas, te rindas por completo y le digas: me entrego por completo, todas las áreas de mi vida. Si te cuesta hacerlo a la primera ¡pasa más tiempo ahí! Pelea con ÉL y si te sigue costando ¡regresa mañana y otra vez y otra vez!
Porque lo más difícil de la oración es esa parte, la de rendirte por completo, la de aceptar SU voluntad, esa parte nos da miedo y cuando tienes más cosas, más recursos ¡más trabajo cuesta! Cuando no tenemos mucho, quizá sea más fácil decirlo: ¡Padre te doy todo! Y lo único que tengo es la ropa y un montón de deudas, es fácil orar y decirle ¡toma todo! Ah, pero cuando tienes esposa, esposo, hijos, negocios, carros, dinero, por alguna razón se vuelve un poco más complicado rendir todo. Es difícil darlo todo, obedecer en todo.
Por esa razón cuando oramos queremos orar así: Señor, antes de que te pida algo, debes saber que ¡no aceptaré un no por respuesta! Crecí pobre, ahora tengo algo de dinero y me da miedo que me pidas el dinero ¡no lo quiero soltar! Quizá no lo dices: pero así actúas.
Lo que sea que estás agarrando y no lo quieres soltar, entonces para ti Dios es un Dios pequeño; porque Dios lo puede tomar, si quisiera porque es Todo poderoso, pero lo que ÉL quiere es tu corazón, y el hecho que no lo haya tomado, no es más que una muestra de SU gracia, pero nos confundimos, pensando que soy tan abusado que ni Dios me puede quitar este trabajo, este negocio, este dinero.
Lo que está en tu mano es lo más importante para ti, pero lo más importante para Dios es tu corazón. Dios no necesita tu dinero, no es lo que tienes, pero quiere eso que tienes en la mano, porque eso, es la llave para llegar a tu corazón.
Cuando dices: es mi ultima oportunidad para hacer ese negocio, para retener a esta persona, pero Dios, te prefiero a ti y te rindo todo.
Muchas veces Dios no toma lo que tienes en la mano ¡Te toma a ti! Quiero eso que sostienes tan fuerte con tus manos, porque esa es la clave para llegar a ti y eres tú a quien quiero.
Empieza proclamando SU grandeza
Rinde tu vida, todas las áreas
Reconoce tu dependencia de Dios para todo
Cuando empiezas a orar así, Dios sabe que no sólo estás pesando tiempo, sino que estás buscando una relación más íntima, más personal.
Más que la respuesta a mi oración quiero tu voluntad en mi vida, esa es la oración que ÉL espera.
Palabra de Dios
Oremos
